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El multitasking es un mito

Todos caemos en la trampa, es sólo cuestión de contar cuántas pestañas tiene abiertas nuestro navegador en este momento y reflexionar. (¡En mi caso son muchas!)

Es que con la velocidad a la que crecen nuestras listas de tareas, es tentador pensar en juntar varias y hacerlas a la vez. Pero la realidad es otra: el cerebro no está diseñado para trabajar en dos o más cosas al mismo tiempo.

Cuando pensamos que hacemos multitasking, en realidad estamos saltando de una tarea a otra rápidamente, y eso tiene un costo, tanto cognitivo como de rendimiento.

Cada tarea necesita una mentalidad particular; cambiar constantemente no nos permite alcanzar ese estado ideal. Cuando alternamos funciones somos más propensos a cometer errores, especialmente en aquellas que necesitan pensamiento crítico. Más aún, puede producir agotamiento emocional y mental, aumentando el stress y reduciendo funciones como la memoria a corto plazo y la capacidad de observación.

Al hablar de multitasking, en realidad estamos hablando de otra cosa: el arte de prestar atención, la habilidad de enfocarnos en una cosa y, más aún, de discernir qué objetos son merecedores de nuestro foco. Muchos de aquellos que obtuvieron grandes logros en sus vidas dan el crédito de su éxito a su capacidad de foco. Isaac Newton, por ejemplo, dijo que su genio tenía más que ver con la atención paciente que con cualquier otro talento.

Sin importar cuál es el rubro, la parte más difícil de conquistar en el camino al éxito no es la mecánica del negocio. Lo que hace la diferencia es el foco: si algo merece ser hecho, merece ser hecho bien, con la atención plena y las habilidades canalizadas en esa tarea, en ese momento.

Sin embargo, hoy en día nuestra capacidad de concentrarnos está muy poco entrenada. Necesitamos libros y cursos para enseñarnos a evitar las distracciones, ¡y hasta necesitamos que los dispositivos electrónicos nos ayuden a superar el déficit de atención que ellos mismos generan!

Todos tenemos una cantidad limitada de atención disponible, y al hacer tareas en paralelo se divide. La tarea que estamos realizando es la que se lleva una porción mayor de la torta. No queda mucho para otras cosas, con la excepción de actividades automáticas como caminar o masticar chicle.

Si hacemos algo en piloto automático, como por ejemplo lavar la ropa, entonces sí tiene sentido leer un libro al mismo tiempo. Pero intentar hacer dos tareas demandantes a la vez, aunque sean simples, termina siendo contraproducente. Pasar de una tarea a otra en realidad reduce la productividad: gastamos energía en el proceso y no entramos en el estado de conciencia ideal para alcanzar los resultados que esperamos.

Las redes sociales están promoviendo un condicionamiento: cuando chequeamos nuestro email, o facebook, cada tanto recibimos algo útil o valioso, o gracioso. Pero esto sucede en forma aleatoria. En psicología eso se llama refuerzo aleatorio, y es suficiente para reforzar un hábito. Este tipo de hábitos aleatorios son muy dificiles de corregir.

¿Cuál es la moraleja? Multitasking no es una habilidad para agregar al curriculum, sino un hábito a mejorar. Apagar las notificaciones del celular, chequear el mail a la mañana y al mediodía, dejar diez minutos a la tarde para Twitter. Pasar del multitasking al singletasking y hacerlo con orgullo.

Mini práctica balanceada de técnicas corporales para potenciar el trabajo

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

8 de 100 | Mini práctica balanceada de técnicas corporales para potenciar el trabajo

Es sabido que nuestra productividad aumenta si intercalamos períodos de trabajo bien enfocado con momentos de otra índole. Si buscamos cuál es la mejor proporción de tiempo, vamos a encontrar varias, algunas hasta con nombre (por ejemplo, la técnica Pomodoro recomienda cinco minutos de pausa entre lapsos intensamente productivos de veinticinco minutos. Esa es justamente la que yo utilizo para escribir, pero hay muchas más). La verdad, me parece que el break se puede ajustar a las necesidades de cada uno, pero… ¿qué hacer en ese tiempo?

Empecemos por restar: hay algunas actividades que, lejos de potenciar nuestro rendimiento, tienden a disminuirlo. El clásico ejemplo del cafecito, en el que, si sumamos los minutos de charla que casi siempre se anexan, demoramos mucho más que lo que inicialmente esperábamos.

Yo me inclino a sumar, en esas pausas, hábitos saludables. Cambiar la posición, para no pasar tanto tiempo sentado. Una manera especial de respirar, tomar algún vaso de agua… hasta comer una fruta es una posibilidad que nos llena de energía.

Mi sugerencia de hoy es una práctica brevísima, apenas cinco minutos de técnicas corporales poderosas, balanceadas, que actúan incrementando la fuerza y la flexibilidad; y mejorando la estabilidad. Por supuesto, evaluá el espacio y las condiciones a tu alrededor para hacer esta mini-práctica. ¡Si contás con un poco de privacidad, siempre es mucho mejor!

Comienza nuestra pausa: supongamos que es de cinco minutos (si preferís parar más tiempo, prolongá la permanencia proporcionalmente en cada técnica).

Empezamos con respiración de soplo rápido, por treinta segundos. Después:

Tracción: parate y juntá tus pies. Elevá los brazos con inspiración y retené el aire con los pulmones llenos, extendiendo con fuerza los brazos hacia arriba. Si estás firme, despegá los talones del suelo sin separarlos. Al bajar, hacelo sincronizadamente: respiración, brazos y talones.

Flexión lateral: manteniendo los pies juntos, elevá nuevamente los brazos por sobre la cabeza, exhalá y flexioná el tronco bien de costado, sin mover las caderas. Permanecé mientras puedas estar sin aire en los pulmones y necesitando inspirar volvé, compensando hacia el otro lado.

Estabilidad: con los dedos de las manos cruzados por detrás de la espalda, elevá una rodilla flexionada y bajá la frente hacia ella, plegando el tronco sobre el muslo. La otra pierna, que sostiene toda la posición, permanece bien extendida. Respirá normalmente buscando permanecer, entrenando a capacidad de permanecer estable sobre un apoyo reducido. Si te resulta demasiado fácil, despegá el talón de apoyo del suelo.

Torsión: ahora, sentate en el suelo. Separá bien las piernas, con las rodillas y los empeines bien extendidos. Al exhalar, llevá la mano izquierda hacia el muslo derecho y la mano derecha, por detrás de la espalda, hacia la otra pierna. Permanecé con los pulmones vacíos, y necesitando inspirar, retorná para compensar de forma idéntica hacia el otro lado.

Anteflexión: aun sentado, extendé ambas piernas hacia adelante y elevá los brazos, traccionando bien la espalda. Al exhalar, bajá el tronco sobre las piernas, buscando mantener la columna bien recta y aproximando el pecho a los muslos. Detenete por unos instantes más en esta posición, elongando placenteramente toda la musculatura posterior del cuerpo.

Retroflexión: voy a contarte una técnica para la cual te tenés que acostar sobre el suelo. Si por el lugar donde estás esto no es posible, hay otras que podés hacer sentado o incluso de pie. En nuestra bibliografía podés investigar más sobre estas variaciones. Apoyá el abdomen sobre el suelo y sujetá con fuerza los empeines con ambas manos. Inspirando, separá los talones de los glúteos, arqueando la espalda hacia atrás, elevando el mentón y abriendo bien el pecho. Mantené mientras puedas permanecer con aire y al exhalar, retorná.

Incorporá también una posición que estés entrenando especialmente (de esas que demandan más fuerza: la que querés que te salga sí o sí). Después, volvé a tu trabajo con todo: el bienestar que las técnicas produjeron se va a reflejar en la performance de los próximos minutos.  ¡Adelante!

Meditación para empezar el día

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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4 de 100 | Meditación para empezar el día

Suena la alarma… la postergás. Suena de nuevo… otra vez “cinco minutos más”. Así, cuando llega el momento de levantarte, el tiempo ya es escaso y te embarga una incómoda sensación de falta de disciplina.

Para crear un círculo virtuoso en el cual el inicio del día potencie todo lo demás, te propongo empezarlo con Método, con una técnica que aumenta tu productividad, tu sentido de organización y tu concentración, además de estimular la intuición.

Al contrario de lo que se cree popularmente, meditar no es pensar en algo sino parar de pensar. Por lo menos, a eso nos conduce la técnica conocida con ese nombre. Y si bien se describe en tres palabras, alcanzar este estado expandido de la conciencia requiere constancia, disciplina y mucha práctica. Entrenamiento diario.

Podemos empezar con cinco minutos cada mañana. Recién despierto,  en vez de demorar el inicio del día, sentate en la cama o al lado de ella, con las piernas cruzadas. La manera correcta de sentarse demanda cierta atención: las chicas van a dejar el talón derecho en contacto con el perineo, y los chicos el talón izquierdo en esa posición. Cuidá especialmente que tus pies no impidan el descenso de las rodillas, que práctica tras práctica tendrán más flexibilidad y se irán acercando al suelo.

Con la espalda derecha y los hombros sin tensión, formá un cuenco con las manos. Las mujeres, la mano derecha por debajo. Para los hombres, la izquierda sostiene el dorso de la derecha. Y en todos los casos, con ambas palmas hacia arriba.

No se puede simplemente “parar de pensar”. Por mucho que uno se lo proponga,  detener los pensamientos puede ser un hueso duro de roer. Es mejor tener una técnica, un método. Ir conquistando paso a paso, con paciencia y disciplina, la deliciosa sensación de descanso del plano mental, de concentración y de foco que este ejercicio proporciona.

Vamos entonces a empezar por lo más básico, tratando de concentrar el flujo mental en sólo un estímulo. Te propongo que al inicio sea un objeto bien simple (una figura geométrica, por ejemplo). Durante cinco minutos, apenas te despiertes, con los ojos cerrados y en la posición que ya describimos, tratá de fijar tu atención en un círculo de color dorado, sin asociar atributos a esta imagen, sin distraerte. ¡No te duermas! El día ya empezó. Y esta técnica te predispone a aprovecharlo al máximo. Ponela en práctica cada día, hasta que este saludable hábito sea parte de tu rutina matinal.

Por la mañana, contracciones abdominales

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cuál te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

3 de 100 | Por la mañana, contracciones abdominales

Es natural que prestemos poca atención a lo que hacemos apenas nos levantamos. Sin embargo, con un mínimo de atención podemos descubrir que, generalmente, es una rutina repetitiva. Mientras las neuronas se desperezan, solemos hacer exactamente todo de la misma forma, día tras día. Modificar esto conscientemente puede ser una buena idea. ¿El objetivo? Hacer espacio para incorporar algunos hábitos saludables.

Nunca me convenció pensar en “empezar el día con el pie derecho”. De hecho, no creo que haya días más o menos buenos que otros. A mí me parece que uno va creando su realidad a medida que ésta se va presentando. ¿Qué quiero decir con esto? Que si tu mañana no empezó de la mejor manera posible, está en tus manos transformar lo que queda de la jornada en una experiencia sin par.

Entonces, acá va un hábito bien simple para incluir en tu secuencia mañanera: apenas te despertás, hacé algunas series de contracciones abdominales, para estimular el funcionamiento de los órganos de la cavidad abdominal y favorecer la circulación en todo el cuerpo.

Es sencillo: de pie, con los pies separados la misma distancia que hay entre los hombros, flexioná levemente las rodillas y apoyá tus manos sobre los muslos. La espalda va a quedar un poco curvada. Completá esa curvatura bajando levemente el mentón. Exhalá y contraé con fuerza la pared abdominal (como si quisieras que tu ombligo se acerque a la espalda). Mantené esta contracción algunos segundos, sin inspirar, comprimiendo los órganos internos.

Cuando necesites inspirar, hacelo. Exhalá en seguida e iniciá un ciclo, ahora en forma dinámica. Contraé la pared abdominal con fuerza y soltá la musculatura (no hay que hacer fuerza con el abdomen hacia afuera, sino solamente dejar que se aflojen los músculos). Vamos a sumar ritmo: contraé y soltá, contraé y soltá… así, varias veces, hasta que sea necesario inspirar de nuevo.

Lo más importante es la profundidad de las contracciones; después, la velocidad. La idea es hacer esto muchas veces mientras permanecés con los pulmones vacíos, y repetirlo varias veces, siempre con la respiración coordinada.

Para superarnos, sumemos dos desafíos:

  1. contá la cantidad de contracciones que conseguiste en el ciclo inicial, y en todos los que le siguen tratá de superar ese monto (por ejemplo, empezaste con 50 contracciones, después, 55, 60 y así sucesivamente).
  2. fijá una meta total de contracciones y hacé todos los ciclos que sean necesarios para alcanzarla. ¡Sin pereza! Ese objetivo puede empezar con una cifra pequeña –digamos, 500 contracciones– e ir avanzando hasta 1500 o 2000 por día.

¿Vamos a empezar el día con todo? Después de este ejercicio intenso, estaremos listos para concretar cada cosa que nos propongamos.

En una fila, entrená estabilidad

Hoy traigo una idea nueva. Bueno, no una, sino por lo menos cien; pero de a una por vez.
Te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Así que, con este, doy el puntapié inicial de una serie de breves artículos que describen cien maneras de desarrollar alta performance. Habrá algunas más simples, otras que requieran un poco más de entrenamiento o incluso el desarrollo de mayor conciencia corporal. Pero si practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

1 de 100 | En una fila, entrená estabilidad parándote sobre la punta de los pies

Seamos realistas: cuando ponemos en práctica fuera de la sala lo que aprendemos dentro de ella, es importante pasar inadvertidos. Así que no llamar la atención, evitar ser “el raro” en la interacción social será la regla principal; no sólo para este entrenamiento sino para todos los demás. Aquellos que necesiten más privacidad, es mejor hacerlos puertas adentro.

¿A quién le gustan las filas? A nadie. Lo mejor es evitarlas. Pero, cada tanto, nos vemos atrapados en una de estas infames formaciones. Ya sea por un trámite, en el banco o esperando cualquier cosa, lo terrible es ver el tiempo que se escurre entre las manos sin poder hacer nada útil.

Ahí va mi primera recomendación, más que obvia: si podés evitar hacer fila, salí de ella. No te entregues a la mansedumbre del rebaño humano que simplemente espera. Pero, si no podés evitarlo… ¡aprovechala!

Dejá tus dos pies bien juntos y elevá los talones, extendiendo los empeines. Proponete una buena permanencia (mínimo de cinco minutos) sin apoyar los talones. Buscá mantenerte muy quieto. Mientras hacés esto, estarás fortaleciendo los músculos de las pantorrillas, entrenando un ejercicio muy simple de estabilidad y preparando el camino para otras técnicas más fuertes, que vamos a desarrollar en la sala. Procurá manetener la expresión facial descontraída. Es fácil, pero intenso.
Tratá de no interrumpir la permanencia, que es lo que torna poderosa esta técnica. Si tenés que avanzar en la fila, hacelo. Priorizá la discreción… y en cuanto puedas, volvé a empezar el ejercicio.

Lo primero a la mañana

La vida está hecha de hábitos. ¿Ya lo habían notado? Una vez me di cuenta de que luego de despertarme, tiendo a repetir la misma secuencia, día tras día. Todo bien –hasta genial, diría– si no fuera porque ese día también noté que algunas cosas de esa secuencia yo no las estaba eligiendo. Estaban allí, simplemente instaladas, casi irreversibles.

La manera de salir de la cama. Cómo te lavás los dientes. El orden en que te bañás. Y te secás. El desayuno, en cantidad, calidad y, nuevamente, en orden (para mí era siempre primero la tostada, después el mate o el café). La manera de vestirte, la secuencia previa a salir de casa (todos los checks y revisiones, conscientes o no). Si nunca observaron esto, bienvenidos al microuniverso de la autopercepción detallada. En seguida me pregunté si sería posible alterar lo que me gustaba menos. Y resultó que sí, sólo hacía falta una buena dosis extra de energía.

Primero, la observación. Después, seleccionar lo que querés cambiar. Y a continuación… ¡modificarlo! Para mí, fue fundamental en este proceso la reeducación respiratoria, algunas técnicas orgánicas que mejoraron mi tono muscular y flexibilidad, estimular una actitud más descontraída y la concentración mental proporcionada por el Método que practico. Y, por supuesto, esta transformación se fue extendiendo no sólo a la rutina de la mañana sino a todo el día. En otro post les cuento cómo a través de estos recursos fui construyendo una versión mejor de mí misma.

De feriados, vacaciones y otros días especiales

Me gusta trabajar. Sí, así como suena. Lo disfruto tanto que siento que la acepción tradicional del término trabajo no se aplica a lo que hago. Muchas veces me descubrí pensando en una palabra que defina lo que siento por mi profesión: una que no incluya los conceptos de sacrificio, disgusto o “sudor de tu frente”. Amo apasionadamente cada faceta del Método que elegí para vivir y enseñar.

Me gusta mi profesión por muchas cosas. Una de ellas que es que encuentro la manera de que ningún día sea igual al otro. Mi cotidianeidad incluye una rutina placentera de hábitos y técnicas que en general llevo a cabo a primera hora de la mañana. Y después, cada día es una sorpresa. Eso es lo mejor de todo.

A veces, el calendario indica que el día es feriado. ¡Casi se me pasa…, no lo estoy esperando especialmente! Decido entonces que ese día especial lo voy a utilizar para cosas diferentes (escribir, visitar amigos, más tiempo dedicado a leer…). Ya les dije: mi trabajo no merece ser llamado así, tiene mucho de placer.

¿Y cuando llegan las vacaciones? Es difícil pensar en quince días sin hacer nada. Yo no soy así. Siento que cada uno de esos días diferentes es una oportunidad de descubrir nuevos horizontes que, sin duda, enriquecerán después mi capacidad de transmitir los conceptos de buena calidad de vida, buenas maneras, buenas relaciones humanas, buena cultura, buena alimentación y buena forma que son propios del Método DeRose.

Sería natural que, al leer esto, la primera deducción fuera: ¡estamos frente a una auténtica workaholic! Pero no, no es así. Un placer conocerlos: están frente a Natalia, una persona que, simplemente, ama lo que hace y pone toda su pasión en ello. Y a partir de hoy, espero compartirlo con cada uno de ustedes.

¿De qué hablamos cuando hablamos de calidad de vida?

Concepto amplio si los hay, forma parte de uno u otro modo del vocabulario que utilizamos cotidianamente. Todos sabemos a qué nos referimos cuando mencionamos la calidad de vida, pero a la hora de definirla surgen imprecisiones y subjetividades.

Una explicación que me encanta es la que da DeRose, escritor brasileño contemporáneo especializado en este asunto: Calidad de vida es tornar la existencia menos complicada, es hacer lo que da placer, con alegría, salud y bienestar. Me parece una definición consistente, al alcance de todos los que queremos mejorar nuestra vida, no sólo para nosotros mismos sino también para influir positivamente sobre el entorno.

Pero, en la práctica: ¿qué está en nuestras manos hacer?

Una alimentación adecuada es la que nos proporciona los nutrientes necesarios para el tipo de vida que llevamos. Un buen parámetro para evaluar si estamos comiendo en forma saludable es observar cómo nos sentimos inmediatamente después: ¿pesados y lentos o ágiles y livianos? Si al terminar de comer cuesta continuar con las actividades, es señal de que sería inteligente introducir algunos  cambios.

Algunos hábitos emocionales desgastan, porque consumen muchísima energía que podríamos aprovechar para crecer. Vale la pena observarse y hacer lo necesario para modificarlos.

Podemos practicar alguna actividad corporal que disfrutemos y nos genere un cierto desafío. Movimiento, acción y autosuperación son factores insustituibles para vivir mejor. Encontrar nuestra propia motivación interna, trabajar por una causa, proponerse evolucionar, crecer y ser feliz.

Básica y simplemente, se trata de descubrir cosas que nos apasione hacer… y ¡hacerlas!

Aumentá tu creatividad de adentro hacia afuera

La creatividad –la facultad de crear- está presente en cada acción humana, seamos o no conscientes de ello. Aun las acciones cotidianas, incluso aquellas que nos parecen más intrascendentes, pueden presentar la novedad de una forma distinta de hacer las cosas, otro camino, una opción diferente.

Alguna vez escuché decir que creativo es también quien lleva a cabo las tareas habituales de maneras nuevas, y me interesó en particular esa definición porque contiene el concepto de que cualquiera puede serlo, y huye del lugar común que supone que la creatividad está circunscripta al mundo del arte.

Como individuos podemos sentirnos más o menos innovadores, aplicando esa capacidad en nuestro trabajo, estudio, actividad deportiva o vida social; podemos (o no) exponernos a ciertos desafíos que nos estimulen en ese sentido. Pero lo que es cierto sin lugar a dudas es que ésta es una habilidad que se puede desarrollar.

[one-half]Hay ciertos estímulos externos que favorecen la expansión creativa. Por mencionar sólo algunos, viajar, leer, asistir a exposiciones de arte, conciertos y los que consideramos aún más enriquecedor es: las amistades, las conversaciones, el intercambio de experiencias con otras personas. En este sentido, el Método DeRose, que es un entramado de conceptos y técnicas, brinda un contexto propicio para las buenas relaciones humanas. Las escuelas son ambientes de buena educación, donde la charla amena prospera, enseña y motiva.

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De adentro hacia afuera

No dejemos de tener en cuenta los factores internos que estimulan la creatividad: cuando se conjugan los buenos hábitos con una oxigenación cerebral aumentada, podemos encontrar dentro de nosotros fuerzas encubiertas, se liberan potencialidades latentes y alcanzamos niveles superiores en cada cosa que emprendemos.

Nuestra voluntad posee el recurso definitivo: un estado de pleno bienestar que se refleja no sólo en la capacidad de iniciar proyectos sino también en la fuerza, la constancia y la resolución necesarias para llevarlos a feliz término.

Existen técnicas específicas que aprovechan y estimulan estos factores: desde la mentalización hasta respiratorios que hiperoxigenan. El conjunto de estas técnicas brinda energía excedente que se puede usar, por ejemplo, para ser más creativo.

Hay un campo donde la creatividad no tiene gran prensa pero sí un valor inestimable: las relaciones interpersonales. Consideramos sumamente inteligente evitar cualquier tipo de conflicto con otros seres humanos, y hacerlo de forma tal que se tenga en cuenta el valor intrínseco de cada persona y que nadie ceda o se rebaje ante la posición del otro.

En este sentido, según menciona DeRose, más fuerte que el que vence es el que consigue no confrontar. Para esto, poseer una autoestima en su punto justo es vital. La inventiva aquí se aplica a elegir el tono de voz, la expresión y las palabras que van a transformar un conflicto en dos sonrisas. La buena noticia es que esto también puede ejercitarse.

En el trabajo, la creatividad se manifiesta a través de la toma de decisiones y la resolución de problemas, e implica ser capaz de ejercer el pensamiento lateral que encuentra soluciones que superan lo esperado. Pensemos por un segundo en la importancia que reviste mantener un clima laboral descontraído, agradable, amistoso, sin ceder ni un ápice de buen humor. A veces, tendremos que apelar a todos nuestros recursos para conseguirlo. ¡La energía extra que mencionábamos antes también puede utilizarse para esto!

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[one-half last]Finalmente, es fundamental reconocer el valor de la creatividad en el ámbito artístico: la manifestación de lo más íntimo, a veces incluso sin la participación del intelecto: intuición pura, expresión máxima de la sensibilidad que nos define humanos.

Tomando prestadas las palabras del genial Pablo Picasso, “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. La creatividad en el arte suele estar secundada por un método, por constancia, por trabajo y por disciplina (cualquiera sea el significado que cada uno quiera darle a esa palabra). Para eso, una voluntad férrea siempre ayuda. En nuestro Método cultivamos también ese valor.

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Así, nos gusta pensar que creatividad es una palabra amplia, que puede encastrarse en cada aspecto de la vida. Aun quien cree no poseerla precisa apelar a sus capacidades de innovar y producir de maneras diferentes para crecer en algún ámbito de su existencia.

Trabajar activamente para desarrollar nuestra energía creativa es, por qué no, una manera de mejorar nuestra calidad de vida.

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