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Pensar para crecer

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

14 de 100 | Pensar para crecer

Dondequiera que miremos hay problemas.
Cuanto más profunda es la mirada,
en todas partes hay soluciones.

Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir.

Todas nuestras acciones comienzan como una idea. A veces, es consciente. Otras, simplemente nos encontramos actuando, sin haber detectado el pensamiento que fue punto de partida.

Siempre sentí curiosidad por ese momento clave, el gatillo que dispara comportamientos hacia una u otra dirección. La verdad es que la mayoría de las veces me resulta complicado identificar el germen mental de mis actos. Puedo, con un poquito de introspección, descubrir la emoción, la intención o el deseo desencadenante. Ahora, ¿el concepto inicial? Esa es la parte que más me cuesta.

Cuando empecé a poner foco sobre esto me hice una pregunta que todavía me sigue pareciendo válida: ¿cómo prestar atención a lo que ni notamos? El mejor resultado lo obtuve a través de un método que aprendí (y enseño), que encara este desafío mediante un trabajo gradual.

Percibiendo la respiración, trabando contacto con el ritmo cardíaco, identificando el esfuerzo de músculos que no habíamos percibido antes, podemos usar estos estímulos para desarrollar fuerza, flexibilidad, constancia y disciplina entre otras cualidades que exceden largamente el territorio de lo físico.

¿Cómo aprovechar esta posibilidad, esta semilla de acción en el pensamiento? Es muy simple: visualizando lo que queremos. Mentalizar es generar imágenes que pueden ser visuales, aunque también es viable usar los otros sentidos (olfato, tacto, oído). La imaginación es, en cierto sentido, una forma de mentalización. Lo increíble es que podemos recurrir a este mecanismo en cualquier momento y con cualquier objetivo, desde buscar un lugar para estacionar hasta hacer mejor cada cosa.

Al concientizar esta herramienta se devela una posibilidad que se expande en otras, infinitas: si ideamos lo que queremos conseguir, estamos marcando un surco, trazando un camino que después recorreremos con tareas en el plano de la realidad. Esto va a aproximarnos a nuestro objetivo. En otras palabras: sólo pensar no es muy útil, si no sumamos a eso la acción concreta.

Riesgo y recompensa

El instante de tomar una decisión es el más solitario de la existencia. No hay presencia, consejo, aliento que te haga sentir acompañado en ese punto de inflexión vital. Es ahí cuando brota el miedo sembrado a lo largo de años de educación perpetrada por el cine, la televisión y las escenas familiares que se encuadran en esos moldes novelescos.

Si el momento de tomar una decisión es solitario por naturaleza, ahí es donde podés aprovechar para hacer una zambullida profunda. En el fondo hay cosas que asustan, pero el que no arriesga no gana.

Y si te la pasás posponiendo las decisiones se te impregna el temor de errar, que es muy peligroso, porque justamente te impide equivocarte, condición inseparable del aprendizaje.

No se necesita saberlo todo para tomar una decisión ponderada: el resto del mundo no pretende que contemples su voluntad.

Lee la nota completa en el blog de la Sede Decana

Soplo rápido para ganar energía en instantes

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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6 de 100 |  Soplo rápido para ganar energía en instantes

Puede pasar en cualquier momento del día. En serio, en cualquier momento. De repente sentimos una disminución del nivel de energía necesario para lo que estamos haciendo. Si estamos estudiando, no nos podemos concentrar tanto como queremos. En medio de una actividad intensa, que demanda más del cuerpo, sentimos que este ya no responde como antes. Los  ejemplos abundan. Digamos que no es nada raro: aun los que incorporamos a nuestra vida hábitos relacionados con la alta performance, podemos sentir que de vez en cuando las baterías flaquean un poco.

Como en el Método DeRose trabajamos con las herramientas adecuadas para elevar el rendimiento en cada situación, apliquemos la que mejor se adapta; en este caso, una técnica del área de los respiratorios: el soplo rápido.

¿Y en qué consiste este ejercicio, novedoso pero antiquísimo? Básicamente, en respirar de una manera específica para aumentar el oxígeno disponible en el organismo, lo que se conoce corrientemente como hiperoxigenación.

Si llega más oxígeno al cerebro, vamos a poder pensar más rápido, resolver problemas con más foco, aumentar la concentración. Y si ese mismo oxígeno es derivado hacia los tejidos musculares, estos tendrán una cuota extra de fuerza y vitalidad.

Pero… axioma número uno de nuestro Método: ¡no creas! Probá vos mismo. La técnica es simple. Sentado en una posición confortable (las mejores son con las piernas cruzadas y la espalda bien erguida) activá la respiración acelerándola, inspirando y exhalando por la nariz, con fuerza y ruido. El sonido es característico: el aire roza con fuerza las fosas nasales, tanto al entrar como al salir. Hacé esta respiración durante un minuto y pará, respirando normalmente. Luego, un minuto más, y otro sin acelerar. Si te sentís mareado, detenete y respirá en forma natural.

Al principio, con dos o tres repeticiones ya podrás sentir la vitalidad extra y aprovecharla. Con más experiencia, sumá algunos ciclos más. Por supuesto, como esta técnica no es totalmente discreta, sólo ejecutala cuando sientas que es posible sin incomodar a nadie.

Luego de algunos minutos, volvé a producir, crear, estudiar o entrenar con toda tu energía disponible. La garantía de fábrica de esta técnica es de más de 5000 años: ¡funciona!

Meditación para empezar el día

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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4 de 100 | Meditación para empezar el día

Suena la alarma… la postergás. Suena de nuevo… otra vez “cinco minutos más”. Así, cuando llega el momento de levantarte, el tiempo ya es escaso y te embarga una incómoda sensación de falta de disciplina.

Para crear un círculo virtuoso en el cual el inicio del día potencie todo lo demás, te propongo empezarlo con Método, con una técnica que aumenta tu productividad, tu sentido de organización y tu concentración, además de estimular la intuición.

Al contrario de lo que se cree popularmente, meditar no es pensar en algo sino parar de pensar. Por lo menos, a eso nos conduce la técnica conocida con ese nombre. Y si bien se describe en tres palabras, alcanzar este estado expandido de la conciencia requiere constancia, disciplina y mucha práctica. Entrenamiento diario.

Podemos empezar con cinco minutos cada mañana. Recién despierto,  en vez de demorar el inicio del día, sentate en la cama o al lado de ella, con las piernas cruzadas. La manera correcta de sentarse demanda cierta atención: las chicas van a dejar el talón derecho en contacto con el perineo, y los chicos el talón izquierdo en esa posición. Cuidá especialmente que tus pies no impidan el descenso de las rodillas, que práctica tras práctica tendrán más flexibilidad y se irán acercando al suelo.

Con la espalda derecha y los hombros sin tensión, formá un cuenco con las manos. Las mujeres, la mano derecha por debajo. Para los hombres, la izquierda sostiene el dorso de la derecha. Y en todos los casos, con ambas palmas hacia arriba.

No se puede simplemente “parar de pensar”. Por mucho que uno se lo proponga,  detener los pensamientos puede ser un hueso duro de roer. Es mejor tener una técnica, un método. Ir conquistando paso a paso, con paciencia y disciplina, la deliciosa sensación de descanso del plano mental, de concentración y de foco que este ejercicio proporciona.

Vamos entonces a empezar por lo más básico, tratando de concentrar el flujo mental en sólo un estímulo. Te propongo que al inicio sea un objeto bien simple (una figura geométrica, por ejemplo). Durante cinco minutos, apenas te despiertes, con los ojos cerrados y en la posición que ya describimos, tratá de fijar tu atención en un círculo de color dorado, sin asociar atributos a esta imagen, sin distraerte. ¡No te duermas! El día ya empezó. Y esta técnica te predispone a aprovecharlo al máximo. Ponela en práctica cada día, hasta que este saludable hábito sea parte de tu rutina matinal.

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