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El multitasking es un mito

Todos caemos en la trampa, es sólo cuestión de contar cuántas pestañas tiene abiertas nuestro navegador en este momento y reflexionar. (¡En mi caso son muchas!)

Es que con la velocidad a la que crecen nuestras listas de tareas, es tentador pensar en juntar varias y hacerlas a la vez. Pero la realidad es otra: el cerebro no está diseñado para trabajar en dos o más cosas al mismo tiempo.

Cuando pensamos que hacemos multitasking, en realidad estamos saltando de una tarea a otra rápidamente, y eso tiene un costo, tanto cognitivo como de rendimiento.

Cada tarea necesita una mentalidad particular; cambiar constantemente no nos permite alcanzar ese estado ideal. Cuando alternamos funciones somos más propensos a cometer errores, especialmente en aquellas que necesitan pensamiento crítico. Más aún, puede producir agotamiento emocional y mental, aumentando el stress y reduciendo funciones como la memoria a corto plazo y la capacidad de observación.

Al hablar de multitasking, en realidad estamos hablando de otra cosa: el arte de prestar atención, la habilidad de enfocarnos en una cosa y, más aún, de discernir qué objetos son merecedores de nuestro foco. Muchos de aquellos que obtuvieron grandes logros en sus vidas dan el crédito de su éxito a su capacidad de foco. Isaac Newton, por ejemplo, dijo que su genio tenía más que ver con la atención paciente que con cualquier otro talento.

Sin importar cuál es el rubro, la parte más difícil de conquistar en el camino al éxito no es la mecánica del negocio. Lo que hace la diferencia es el foco: si algo merece ser hecho, merece ser hecho bien, con la atención plena y las habilidades canalizadas en esa tarea, en ese momento.

Sin embargo, hoy en día nuestra capacidad de concentrarnos está muy poco entrenada. Necesitamos libros y cursos para enseñarnos a evitar las distracciones, ¡y hasta necesitamos que los dispositivos electrónicos nos ayuden a superar el déficit de atención que ellos mismos generan!

Todos tenemos una cantidad limitada de atención disponible, y al hacer tareas en paralelo se divide. La tarea que estamos realizando es la que se lleva una porción mayor de la torta. No queda mucho para otras cosas, con la excepción de actividades automáticas como caminar o masticar chicle.

Si hacemos algo en piloto automático, como por ejemplo lavar la ropa, entonces sí tiene sentido leer un libro al mismo tiempo. Pero intentar hacer dos tareas demandantes a la vez, aunque sean simples, termina siendo contraproducente. Pasar de una tarea a otra en realidad reduce la productividad: gastamos energía en el proceso y no entramos en el estado de conciencia ideal para alcanzar los resultados que esperamos.

Las redes sociales están promoviendo un condicionamiento: cuando chequeamos nuestro email, o facebook, cada tanto recibimos algo útil o valioso, o gracioso. Pero esto sucede en forma aleatoria. En psicología eso se llama refuerzo aleatorio, y es suficiente para reforzar un hábito. Este tipo de hábitos aleatorios son muy dificiles de corregir.

¿Cuál es la moraleja? Multitasking no es una habilidad para agregar al curriculum, sino un hábito a mejorar. Apagar las notificaciones del celular, chequear el mail a la mañana y al mediodía, dejar diez minutos a la tarde para Twitter. Pasar del multitasking al singletasking y hacerlo con orgullo.

Riesgo y recompensa

El instante de tomar una decisión es el más solitario de la existencia. No hay presencia, consejo, aliento que te haga sentir acompañado en ese punto de inflexión vital. Es ahí cuando brota el miedo sembrado a lo largo de años de educación perpetrada por el cine, la televisión y las escenas familiares que se encuadran en esos moldes novelescos.

Si el momento de tomar una decisión es solitario por naturaleza, ahí es donde podés aprovechar para hacer una zambullida profunda. En el fondo hay cosas que asustan, pero el que no arriesga no gana.

Y si te la pasás posponiendo las decisiones se te impregna el temor de errar, que es muy peligroso, porque justamente te impide equivocarte, condición inseparable del aprendizaje.

No se necesita saberlo todo para tomar una decisión ponderada: el resto del mundo no pretende que contemples su voluntad.

Lee la nota completa en el blog de la Sede Decana

5 consejos para afrontar nuevos proyectos

Todos tenemos proyectos personales. Algunos los hacemos coincidir con nuestra vida profesional. Otros prefieren mantenerlos aparte. En cualquier caso, es bueno que esas iniciativas estén presentes, porque nos resultan vitales para evolucionar, estimulan la creatividad y permiten reafirmar nuestra capacidad de realización.

Estos emprendimientos pueden o no estar asociados a algún tipo de rédito. Por ejemplo, realizar una acción solidaria o tomar clases de danza no necesariamente rendirán beneficios, a menos que nos propongamos hacerlo de forma profesional. Estudiar una nueva carrera o un idioma diferente puede ser considerado una inversión, ya que a medio plazo nos permitirá acceder a un mejor horizonte de trabajo. Un proyecto laboral independiente demandará mucho en sus inicios, pero con el tiempo esperamos verlo asociado a una retribución económica acorde.

Merecen una mención aparte aquellas iniciativas que comienzan pura y exclusivamente por placer. Son ideales para crecer, y suelen estar asociadas a la creatividad que, a veces, no podemos ejercitar en otros ámbitos de la vida.

Para explicar mejor cómo un mismo proyecto puede pasar por diferentes etapas, pongo un ejemplo que me incluye: un día llegué al Método DeRose para aprender herramientas para mejorar mi calidad de vida. Comencé practicándolo por placer, luego decidí estudiarlo, para después enseñarlo. Hoy es mi profesión, con la que, además, cumplí una antigua aspiración: trabajar en forma independiente. Por supuesto, el placer sigue tan presente como el primer día, y eso es fundamental para cualquier persona que inicie algo con la expectativa de sostenerlo a largo plazo.

Muchas veces no somos capaces de enfrentar nuestros deseos más íntimos por miedo a fracasar. Les ponemos el nombre de “sueños” y los consideramos irrealizables. En cualquier caso, es una buena idea desafiarnos de vez en cuando a salir de los lugares de confort, ya sea para decidir cuál es nuestro nuevo objetivo o para pasar a la acción, concretándolo.

5 pautas para elegir un nuevo proyecto

Si su próxima meta está muy clara, tal vez no necesite estos tips. De lo contrario, espero que puedan ayudarlo a organizarse.

  1. Revise sus anotaciones antiguas: recorra viejas agendas o anotadores, buscando ideas o proyectos que hayan surgido hace algún tiempo y no hayan sido concretados.

  2. Haga una lista de entre 7 y 10 cosas que quiera aprender, realizar o conseguir.

  3. Valorice el costo de cada objetivo: agregue a esa lista dos columnas, una que indique la inversión necesaria para iniciar y/o concretar el proyecto y otra con el tiempo que insumirá.

  4. Decida si quiere que su proyecto sea rentable o si se trata de un hobby: anote en su lista anterior, al lado de cada ítem, si es posible obtener rédito económico de él o sólo lo va a encarar como un desafío personal, para aprender algo nuevo,  desarrollar alguna nueva habilidad o sólo por placer.

  5. Priorice: con las cosas más claras, habiendo cuantificado los recursos que le insumirá cada uno de sus objetivos, priorícelos según sus posibilidades y ganas.

Por último, después de elegido su nuevo proyecto, no deje de trabajar en él con constancia y disciplina. Estos valores agregados nos van a permitir concluir lo que empezamos. Disfrute de su elección manteniendo la creatividad y la concentración.

Cada una de las metas que nos proponemos refuerza la certeza de que somos capaces de iniciar cosas nuevas. Es una buena manera de tonificar nuestra autoestima.

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