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Martínez ‐ Poder • Saber • Sentir

Ensalada de palta y pepino

Las recetas simples y diferentes de ensaladas son siempre geniales para el verano, y esta no es la excepción. En el Método DeRose preferimos una alimentación consciente, respetuosa con el medio ambiente y con los animales, que  también son nuestros amigos.

Los animales son mis amigos
y yo no me como a mis amigos

Bernard Shaw

Refrescante, suave y deliciosa, esta ensalada es diferente a todo. Se prepara en un ratito,, con un toque de lima-limón y dressing de cilantro.  La clave está en la combinación de la palta cremosa con el crujiente pepino, que se complementan a la perfección.

Para que esta receta sea 100% deliciosa, te recomendamos dejarla marinar de 5 a 15 minutos, mientras preparás el resto de la comida.

VAS A NECESITAR

  • 1 pepino grande cortado en cuartos
  • 2 paltas maduras picadas
  • ¼ – ½ taza de cilantro picado
  • 3 cucharadas de jugo de limón
  • 2 cucharadas de jugo de lima
  • ½ cucharadas de sal marina

PREPARACIÓN

  1. Colocá el pepino cortado, la palta y el cilantro en un bowl mediano. Si no sos amigo del cilantro, empezá usando sólo ¼ de taza.
  2. Sumá el jugo de limón, el jugo de lima y la sal marina a los vegetales cortados. Mezclá con suavidad para combinar los sabores. Probá y, si hace falta, sumá cilantro y sal marina.  
  3. Dejá la mezcla marinándose de 5 a 15 minutos. Serví bien fresca, acompañando tu comida favorita de verano.

Fuentes:

Receta: http://www.cearaskitchen.com/

Imagen: www.bottomlessbelly.wordpress.com

Riesgo y recompensa

El instante de tomar una decisión es el más solitario de la existencia. No hay presencia, consejo, aliento que te haga sentir acompañado en ese punto de inflexión vital. Es ahí cuando brota el miedo sembrado a lo largo de años de educación perpetrada por el cine, la televisión y las escenas familiares que se encuadran en esos moldes novelescos.

Si el momento de tomar una decisión es solitario por naturaleza, ahí es donde podés aprovechar para hacer una zambullida profunda. En el fondo hay cosas que asustan, pero el que no arriesga no gana.

Y si te la pasás posponiendo las decisiones se te impregna el temor de errar, que es muy peligroso, porque justamente te impide equivocarte, condición inseparable del aprendizaje.

No se necesita saberlo todo para tomar una decisión ponderada: el resto del mundo no pretende que contemples su voluntad.

Lee la nota completa en el blog de la Sede Decana

Administrá tus emociones a la hora de rendir más

Aprender a superar la dispersión causada por las emociones para poder aumentar nuestra capacidad de enfocarnos y conquistar nuestros objetivos, es una de las formas en las que el Método DeRose consigue mejorar los resultados de un deportista de alto rendimiento, de un empresario o hasta de un estudiante.

“El arquero y las emociones” cuenta la historia de un viejo Maestro en el arte de la arquería y sus enseñanzas a la hora de rendir más en su disciplina.

El dominio de la técnica al lanzar la flecha y dar en el blanco en condiciones ideales no revela que te estés superando como ser humano, es apenas una pequeña parte de tus capacidades.

El Maestro pidió a un discípulo que mostrara sus progresos lanzando una flecha a un blanco. El discípulo disparó con gran puntería la flecha, que impactó en el centro del blanco. Rápidamente lanzó otra, que se insertó en la anterior abriéndola por la mitad.

Con una sonrisa de burla y superioridad, se dirigió al Maestro, le preguntó qué le parecía y lo desafió a que lo hiciera mejor.

El Maestro no se inmutó; le pidió que lo acompañara.

Lee la historia completa en el blog de Edgardo Caramella

Una sonrisa en situaciones complicadas

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

10 de 100 | Una sonrisa en situaciones complicadas

Si me pidieran identificar una cualidad que tenemos en común los que practicamos el Método DeRose, una entre todas, diría: usamos y abusamos de la sonrisa.

¿De qué se ríe esta gente?

Sonreímos en la práctica, en medio de la permanencia más extensa, cuando el esfuerzo es más grande. Durante una charla, mientras estamos concentrados, cuando hacemos un examen. Sonreímos por cosas importantes, por cosas menos trascendentes y también como una forma de amenizar cualquier momento.

Recuerdo que al principio, cuando me acerqué a Nuestra Cultura, yo era muy (pero muy) seria. No entendía muy bien la sonrisa “porque sí”, como la definía en ese entonces. Incluso la asociaba a falta de lucidez (un clásico: ¿de qué se ríe esta gente? ¿Qué es tan gracioso?).

Cara de fuerza: no te necesito

Los primeros indicios de que esta puede ser la clave para pasar a través de momentos complicados estuvieron ligados a las técnicas: me dijeron que la cara de fuerza no hacía falta. Que es un condicionamiento, que apretar los labios no nos ayuda para nada. Me pareció gracioso, y sonreí. ¡Y la práctica se hizo más llevadera! Fue un descubrimiento genial: si las cosas buenas nos generan una sonrisa, la inversa también es verdad.

Años más tarde, conversando con una amiga sobre mi persistente dificultad facial (digámoslo así: yo tenía capacidades diferentes en cuanto expresar alegría en el rostro), ella me propuso un ejercicio: sonreír a las personas en la calle, sin motivo pero con mucha amabilidad. Me sentí un poco tonta, pero lo hice y… ¡magia! La mayoría respondió amigablemente. Unos pocos lo hicieron con indiferencia y los menos, pusieron cara fea. Pero aprendí algo importantísimo: la sonrisa abre puertas, predispone bien, nos ayuda a conseguir lo que queremos sin agresividad. Fundamental: sonreír baja la agresividad propia y ajena. Y es por eso que facilita las relaciones humanas.

La sonrisa y las relaciones interpersonales

Te propongo entonces una manera simple y poderosa de incorporar el Método DeRose a tu vida: sonreí más. Especialmente cuando la situación sea menos simple. Empezá en la práctica y después, en todos los momentos. Al cabo de unos días contame cómo te fue, compartí tu experiencia y juntos entusiasmemos a los que se van sumando.

Administración de las emociones en el tráfico

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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9 de 100 | Administración de las emociones en el tráfico

El dominio de uno mismo es un poco como el buen gusto: todos creemos que lo tenemos. Hasta que… ¡manejamos! Hasta el más dueño de sí se transforma de un simpático Dr. Jekyll en un maléfico Mr. Hyde (Disney mostró esta dicotomía en una animación de 1950 con Goofy como protagonista. Antigua, pero muy realista)

¿Y cómo es que el Método DeRose puede de alguna forma participar en un momento tan delicado? A través de dos de sus conceptos: buenas maneras y civilidad.

Cuando practicamos las buenas maneras nos proponemos tratar a las demás personas de la mejor forma posible, con educación y respeto. Cuando hablamos de civilidad, hacemos extensivo ese respeto a toda la sociedad. Es justamente eso lo que necesitamos, esa conciencia expandida que nos recuerda que somos parte de un grupo social, para cuidar especialmente nuestras formas a la hora de un desentendimiento público.

Porque, en el tráfico, casi nunca los culpables somos nosotros ¿no? Empecemos justamente por ahí. ¿Qué tal pedir disculpas (aunque no nos consideremos responsables) como una manera de bajar la agresividad de todos, inclusive la nuestra?

Hace un tiempo atrás, un colega mío que vive y trabaja en São Paulo tuvo un encuentro físico con otro auto. Un choque, digamos. Independientemente del daño que se hagan los automóviles, está en nuestras manos mantener nuestra emocionalidad bajo control, evitando que la cuestión pase a más. Así, este querido colega se bajó con tranquilidad de su vehículo y ofreció al otro conductor cubrir los costos del choque en el acto. Sí, sí: en el mismo momento, sin esperar a los trámites del seguro, sin mayores dilaciones. Obviamente, esta actitud tan noble disipó la indignación del otro involucrado, y llegaron a buenos términos, sin tener que lamentar nada más grave que una abolladura.

Lo que me parece interesante más allá del acontecimiento particular es cómo cada uno de nosotros tiene el poder de dar el ejemplo, a través de la intervención positiva en el mundo alrededor. Es notable como conjugando las técnicas y los conceptos del Método DeRose esta posibilidad se concreta, accionando aquello que necesitamos, cotidianamente, para construir nuestra mejor versión.

Mini práctica balanceada de técnicas corporales para potenciar el trabajo

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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8 de 100 | Mini práctica balanceada de técnicas corporales para potenciar el trabajo

Es sabido que nuestra productividad aumenta si intercalamos períodos de trabajo bien enfocado con momentos de otra índole. Si buscamos cuál es la mejor proporción de tiempo, vamos a encontrar varias, algunas hasta con nombre (por ejemplo, la técnica Pomodoro recomienda cinco minutos de pausa entre lapsos intensamente productivos de veinticinco minutos. Esa es justamente la que yo utilizo para escribir, pero hay muchas más). La verdad, me parece que el break se puede ajustar a las necesidades de cada uno, pero… ¿qué hacer en ese tiempo?

Empecemos por restar: hay algunas actividades que, lejos de potenciar nuestro rendimiento, tienden a disminuirlo. El clásico ejemplo del cafecito, en el que, si sumamos los minutos de charla que casi siempre se anexan, demoramos mucho más que lo que inicialmente esperábamos.

Yo me inclino a sumar, en esas pausas, hábitos saludables. Cambiar la posición, para no pasar tanto tiempo sentado. Una manera especial de respirar, tomar algún vaso de agua… hasta comer una fruta es una posibilidad que nos llena de energía.

Mi sugerencia de hoy es una práctica brevísima, apenas cinco minutos de técnicas corporales poderosas, balanceadas, que actúan incrementando la fuerza y la flexibilidad; y mejorando la estabilidad. Por supuesto, evaluá el espacio y las condiciones a tu alrededor para hacer esta mini-práctica. ¡Si contás con un poco de privacidad, siempre es mucho mejor!

Comienza nuestra pausa: supongamos que es de cinco minutos (si preferís parar más tiempo, prolongá la permanencia proporcionalmente en cada técnica).

Empezamos con respiración de soplo rápido, por treinta segundos. Después:

Tracción: parate y juntá tus pies. Elevá los brazos con inspiración y retené el aire con los pulmones llenos, extendiendo con fuerza los brazos hacia arriba. Si estás firme, despegá los talones del suelo sin separarlos. Al bajar, hacelo sincronizadamente: respiración, brazos y talones.

Flexión lateral: manteniendo los pies juntos, elevá nuevamente los brazos por sobre la cabeza, exhalá y flexioná el tronco bien de costado, sin mover las caderas. Permanecé mientras puedas estar sin aire en los pulmones y necesitando inspirar volvé, compensando hacia el otro lado.

Estabilidad: con los dedos de las manos cruzados por detrás de la espalda, elevá una rodilla flexionada y bajá la frente hacia ella, plegando el tronco sobre el muslo. La otra pierna, que sostiene toda la posición, permanece bien extendida. Respirá normalmente buscando permanecer, entrenando a capacidad de permanecer estable sobre un apoyo reducido. Si te resulta demasiado fácil, despegá el talón de apoyo del suelo.

Torsión: ahora, sentate en el suelo. Separá bien las piernas, con las rodillas y los empeines bien extendidos. Al exhalar, llevá la mano izquierda hacia el muslo derecho y la mano derecha, por detrás de la espalda, hacia la otra pierna. Permanecé con los pulmones vacíos, y necesitando inspirar, retorná para compensar de forma idéntica hacia el otro lado.

Anteflexión: aun sentado, extendé ambas piernas hacia adelante y elevá los brazos, traccionando bien la espalda. Al exhalar, bajá el tronco sobre las piernas, buscando mantener la columna bien recta y aproximando el pecho a los muslos. Detenete por unos instantes más en esta posición, elongando placenteramente toda la musculatura posterior del cuerpo.

Retroflexión: voy a contarte una técnica para la cual te tenés que acostar sobre el suelo. Si por el lugar donde estás esto no es posible, hay otras que podés hacer sentado o incluso de pie. En nuestra bibliografía podés investigar más sobre estas variaciones. Apoyá el abdomen sobre el suelo y sujetá con fuerza los empeines con ambas manos. Inspirando, separá los talones de los glúteos, arqueando la espalda hacia atrás, elevando el mentón y abriendo bien el pecho. Mantené mientras puedas permanecer con aire y al exhalar, retorná.

Incorporá también una posición que estés entrenando especialmente (de esas que demandan más fuerza: la que querés que te salga sí o sí). Después, volvé a tu trabajo con todo: el bienestar que las técnicas produjeron se va a reflejar en la performance de los próximos minutos.  ¡Adelante!

Respiración imperceptible para momentos intensos.

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7 de 100 | Respiración imperceptible para momentos intensos.

Qué inteligente aquel consejo de abuela que decía: “Antes de responder, respirá varias veces”. Creo que si incluyera cómo respirar, sería simplemente perfecto.

Imaginemos una situación de esas que exigen todo de nosotros. Esos momentos en los que apelamos a todos nuestros recursos para no dar una respuesta maleducada… ¡o para no salir corriendo!

Cuando más lo necesita, en el preciso momento antes de que la bomba explote, quien aplica el Método DeRose a su vida sabe que cuenta con un arsenal de técnicas disponibles para auxiliarlo.

En este caso, el propio nombre de la técnica ya hace mención a su forma: respiración imperceptible.  Inspirar y exhalar tan lentamente que no se note que lo estamos haciendo. Pero, ¿esto es posible? ¡Por supuesto! Basta con entrenar un poco, durante algunos minutos cada día a lo largo de varias semanas, y seremos capaces de utilizar esta técnica no sólo como parte de la práctica, sino también como parte de nuestra vida cotidiana.

La primera reacción interna a esta manera particular de respirar se da en el plano emocional: más dueños de nosotros mismos, podemos cultivar las buenas relaciones humanas proporcionando la respuesta exacta, que no incomoda a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Es factible que de la mano de esta técnica se haga visible la solución más efectiva para un problema (que, casualmente, suele ser la menos impregnada de emocionalidad).

Como siempre: no creas. Practicá. Las posibilidades son infinitas y están ahí, esperando para que las descubras.

Soplo rápido para ganar energía en instantes

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6 de 100 |  Soplo rápido para ganar energía en instantes

Puede pasar en cualquier momento del día. En serio, en cualquier momento. De repente sentimos una disminución del nivel de energía necesario para lo que estamos haciendo. Si estamos estudiando, no nos podemos concentrar tanto como queremos. En medio de una actividad intensa, que demanda más del cuerpo, sentimos que este ya no responde como antes. Los  ejemplos abundan. Digamos que no es nada raro: aun los que incorporamos a nuestra vida hábitos relacionados con la alta performance, podemos sentir que de vez en cuando las baterías flaquean un poco.

Como en el Método DeRose trabajamos con las herramientas adecuadas para elevar el rendimiento en cada situación, apliquemos la que mejor se adapta; en este caso, una técnica del área de los respiratorios: el soplo rápido.

¿Y en qué consiste este ejercicio, novedoso pero antiquísimo? Básicamente, en respirar de una manera específica para aumentar el oxígeno disponible en el organismo, lo que se conoce corrientemente como hiperoxigenación.

Si llega más oxígeno al cerebro, vamos a poder pensar más rápido, resolver problemas con más foco, aumentar la concentración. Y si ese mismo oxígeno es derivado hacia los tejidos musculares, estos tendrán una cuota extra de fuerza y vitalidad.

Pero… axioma número uno de nuestro Método: ¡no creas! Probá vos mismo. La técnica es simple. Sentado en una posición confortable (las mejores son con las piernas cruzadas y la espalda bien erguida) activá la respiración acelerándola, inspirando y exhalando por la nariz, con fuerza y ruido. El sonido es característico: el aire roza con fuerza las fosas nasales, tanto al entrar como al salir. Hacé esta respiración durante un minuto y pará, respirando normalmente. Luego, un minuto más, y otro sin acelerar. Si te sentís mareado, detenete y respirá en forma natural.

Al principio, con dos o tres repeticiones ya podrás sentir la vitalidad extra y aprovecharla. Con más experiencia, sumá algunos ciclos más. Por supuesto, como esta técnica no es totalmente discreta, sólo ejecutala cuando sientas que es posible sin incomodar a nadie.

Luego de algunos minutos, volvé a producir, crear, estudiar o entrenar con toda tu energía disponible. La garantía de fábrica de esta técnica es de más de 5000 años: ¡funciona!

Descontracción después de almorzar

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5 de 100 | Descontracción después de almorzar

Si hay algo incómodo, es sentirse pesado y somnoliento después de almorzar. Por supuesto, generalmente lo podemos resolver con un almuerzo liviano. Pero… ¿y si no fue el caso? ¿Y si por cualquier motivo comimos un poco más de la cuenta, y tenemos que seguir trabajando, entrenando o estudiando?

Lo primero a considerar es, que si la alimentación fue consciente, de acuerdo con los principios biológicos que proponemos, será más fácil de digerir. Aun así, puede que en el instante post-almuerzo nos sintamos con ganas de hacer un break. Si lo pensás bien, aparece una oportunidad más de incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana.

Vamos a necesitar, como máximo, diez minutos y un poquito de privacidad. Lo indicado es hacer esta técnica acostados, pero si no se puede… ¡adaptación es la palabra clave! Una silla o sillón confortables pueden servir también.

La propuesta es: no te duermas. Podés acercarte al estado de sueño, pero evitá caer en él. Cerrá los ojos y, mentalmente, comenzá a recorrer todo tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, desde la piel hacia el interior. Imaginá que el peso del organismo desaparece, que se hace increíblemente liviano. Pasá a través de los pies, las piernas, las caderas. Descontraé la región media del cuerpo, pelvis, abdomen, espalda, tórax. Avanzá desde las clavículas hacia los hombros, codos, brazos, manos. Después, el cuello y la cabeza. Detenete un poquito más de tiempo en ella, relajando los labios, la lengua, los músculos faciales (sometidos a imperceptibles micromovimientos a lo largo del día), los ojos, la frente. Incluso el cuero cabelludo puede descansar.

Nuevamente: no te duermas (si no estás atento y voluntariamente despierto, en este punto es posible que el sueño te tiente. La voluntad es la clave.) Si la relajación es profunda, este es el momento en que estás reponiendo todas tus energías. Aprovechá para descansar los pensamientos, enfocándolos en una única imagen, que represente con claridad algo que quieras concretar en el rato que sigue.

Cuando estés listo, preparate para volver, y hacelo con sutileza, a través de los cinco sentidos, activándolos de a uno. Después, desperezate poderosamente y… ¡voilá! Vas a estar listo para trabajar, entrenar, estudiar o lo que quieras hacer, lleno de vitalidad y energía.

Meditación para empezar el día

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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4 de 100 | Meditación para empezar el día

Suena la alarma… la postergás. Suena de nuevo… otra vez “cinco minutos más”. Así, cuando llega el momento de levantarte, el tiempo ya es escaso y te embarga una incómoda sensación de falta de disciplina.

Para crear un círculo virtuoso en el cual el inicio del día potencie todo lo demás, te propongo empezarlo con Método, con una técnica que aumenta tu productividad, tu sentido de organización y tu concentración, además de estimular la intuición.

Al contrario de lo que se cree popularmente, meditar no es pensar en algo sino parar de pensar. Por lo menos, a eso nos conduce la técnica conocida con ese nombre. Y si bien se describe en tres palabras, alcanzar este estado expandido de la conciencia requiere constancia, disciplina y mucha práctica. Entrenamiento diario.

Podemos empezar con cinco minutos cada mañana. Recién despierto,  en vez de demorar el inicio del día, sentate en la cama o al lado de ella, con las piernas cruzadas. La manera correcta de sentarse demanda cierta atención: las chicas van a dejar el talón derecho en contacto con el perineo, y los chicos el talón izquierdo en esa posición. Cuidá especialmente que tus pies no impidan el descenso de las rodillas, que práctica tras práctica tendrán más flexibilidad y se irán acercando al suelo.

Con la espalda derecha y los hombros sin tensión, formá un cuenco con las manos. Las mujeres, la mano derecha por debajo. Para los hombres, la izquierda sostiene el dorso de la derecha. Y en todos los casos, con ambas palmas hacia arriba.

No se puede simplemente “parar de pensar”. Por mucho que uno se lo proponga,  detener los pensamientos puede ser un hueso duro de roer. Es mejor tener una técnica, un método. Ir conquistando paso a paso, con paciencia y disciplina, la deliciosa sensación de descanso del plano mental, de concentración y de foco que este ejercicio proporciona.

Vamos entonces a empezar por lo más básico, tratando de concentrar el flujo mental en sólo un estímulo. Te propongo que al inicio sea un objeto bien simple (una figura geométrica, por ejemplo). Durante cinco minutos, apenas te despiertes, con los ojos cerrados y en la posición que ya describimos, tratá de fijar tu atención en un círculo de color dorado, sin asociar atributos a esta imagen, sin distraerte. ¡No te duermas! El día ya empezó. Y esta técnica te predispone a aprovecharlo al máximo. Ponela en práctica cada día, hasta que este saludable hábito sea parte de tu rutina matinal.

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