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Viviendo con Método

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Descontracción después de almorzar

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

5 de 100 | Descontracción después de almorzar

Si hay algo incómodo, es sentirse pesado y somnoliento después de almorzar. Por supuesto, generalmente lo podemos resolver con un almuerzo liviano. Pero… ¿y si no fue el caso? ¿Y si por cualquier motivo comimos un poco más de la cuenta, y tenemos que seguir trabajando, entrenando o estudiando?

Lo primero a considerar es, que si la alimentación fue consciente, de acuerdo con los principios biológicos que proponemos, será más fácil de digerir. Aun así, puede que en el instante post-almuerzo nos sintamos con ganas de hacer un break. Si lo pensás bien, aparece una oportunidad más de incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana.

Vamos a necesitar, como máximo, diez minutos y un poquito de privacidad. Lo indicado es hacer esta técnica acostados, pero si no se puede… ¡adaptación es la palabra clave! Una silla o sillón confortables pueden servir también.

La propuesta es: no te duermas. Podés acercarte al estado de sueño, pero evitá caer en él. Cerrá los ojos y, mentalmente, comenzá a recorrer todo tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, desde la piel hacia el interior. Imaginá que el peso del organismo desaparece, que se hace increíblemente liviano. Pasá a través de los pies, las piernas, las caderas. Descontraé la región media del cuerpo, pelvis, abdomen, espalda, tórax. Avanzá desde las clavículas hacia los hombros, codos, brazos, manos. Después, el cuello y la cabeza. Detenete un poquito más de tiempo en ella, relajando los labios, la lengua, los músculos faciales (sometidos a imperceptibles micromovimientos a lo largo del día), los ojos, la frente. Incluso el cuero cabelludo puede descansar.

Nuevamente: no te duermas (si no estás atento y voluntariamente despierto, en este punto es posible que el sueño te tiente. La voluntad es la clave.) Si la relajación es profunda, este es el momento en que estás reponiendo todas tus energías. Aprovechá para descansar los pensamientos, enfocándolos en una única imagen, que represente con claridad algo que quieras concretar en el rato que sigue.

Cuando estés listo, preparate para volver, y hacelo con sutileza, a través de los cinco sentidos, activándolos de a uno. Después, desperezate poderosamente y… ¡voilá! Vas a estar listo para trabajar, entrenar, estudiar o lo que quieras hacer, lleno de vitalidad y energía.

Meditación para empezar el día

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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4 de 100 | Meditación para empezar el día

Suena la alarma… la postergás. Suena de nuevo… otra vez “cinco minutos más”. Así, cuando llega el momento de levantarte, el tiempo ya es escaso y te embarga una incómoda sensación de falta de disciplina.

Para crear un círculo virtuoso en el cual el inicio del día potencie todo lo demás, te propongo empezarlo con Método, con una técnica que aumenta tu productividad, tu sentido de organización y tu concentración, además de estimular la intuición.

Al contrario de lo que se cree popularmente, meditar no es pensar en algo sino parar de pensar. Por lo menos, a eso nos conduce la técnica conocida con ese nombre. Y si bien se describe en tres palabras, alcanzar este estado expandido de la conciencia requiere constancia, disciplina y mucha práctica. Entrenamiento diario.

Podemos empezar con cinco minutos cada mañana. Recién despierto,  en vez de demorar el inicio del día, sentate en la cama o al lado de ella, con las piernas cruzadas. La manera correcta de sentarse demanda cierta atención: las chicas van a dejar el talón derecho en contacto con el perineo, y los chicos el talón izquierdo en esa posición. Cuidá especialmente que tus pies no impidan el descenso de las rodillas, que práctica tras práctica tendrán más flexibilidad y se irán acercando al suelo.

Con la espalda derecha y los hombros sin tensión, formá un cuenco con las manos. Las mujeres, la mano derecha por debajo. Para los hombres, la izquierda sostiene el dorso de la derecha. Y en todos los casos, con ambas palmas hacia arriba.

No se puede simplemente “parar de pensar”. Por mucho que uno se lo proponga,  detener los pensamientos puede ser un hueso duro de roer. Es mejor tener una técnica, un método. Ir conquistando paso a paso, con paciencia y disciplina, la deliciosa sensación de descanso del plano mental, de concentración y de foco que este ejercicio proporciona.

Vamos entonces a empezar por lo más básico, tratando de concentrar el flujo mental en sólo un estímulo. Te propongo que al inicio sea un objeto bien simple (una figura geométrica, por ejemplo). Durante cinco minutos, apenas te despiertes, con los ojos cerrados y en la posición que ya describimos, tratá de fijar tu atención en un círculo de color dorado, sin asociar atributos a esta imagen, sin distraerte. ¡No te duermas! El día ya empezó. Y esta técnica te predispone a aprovecharlo al máximo. Ponela en práctica cada día, hasta que este saludable hábito sea parte de tu rutina matinal.

Por la mañana, contracciones abdominales

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cuál te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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3 de 100 | Por la mañana, contracciones abdominales

Es natural que prestemos poca atención a lo que hacemos apenas nos levantamos. Sin embargo, con un mínimo de atención podemos descubrir que, generalmente, es una rutina repetitiva. Mientras las neuronas se desperezan, solemos hacer exactamente todo de la misma forma, día tras día. Modificar esto conscientemente puede ser una buena idea. ¿El objetivo? Hacer espacio para incorporar algunos hábitos saludables.

Nunca me convenció pensar en “empezar el día con el pie derecho”. De hecho, no creo que haya días más o menos buenos que otros. A mí me parece que uno va creando su realidad a medida que ésta se va presentando. ¿Qué quiero decir con esto? Que si tu mañana no empezó de la mejor manera posible, está en tus manos transformar lo que queda de la jornada en una experiencia sin par.

Entonces, acá va un hábito bien simple para incluir en tu secuencia mañanera: apenas te despertás, hacé algunas series de contracciones abdominales, para estimular el funcionamiento de los órganos de la cavidad abdominal y favorecer la circulación en todo el cuerpo.

Es sencillo: de pie, con los pies separados la misma distancia que hay entre los hombros, flexioná levemente las rodillas y apoyá tus manos sobre los muslos. La espalda va a quedar un poco curvada. Completá esa curvatura bajando levemente el mentón. Exhalá y contraé con fuerza la pared abdominal (como si quisieras que tu ombligo se acerque a la espalda). Mantené esta contracción algunos segundos, sin inspirar, comprimiendo los órganos internos.

Cuando necesites inspirar, hacelo. Exhalá en seguida e iniciá un ciclo, ahora en forma dinámica. Contraé la pared abdominal con fuerza y soltá la musculatura (no hay que hacer fuerza con el abdomen hacia afuera, sino solamente dejar que se aflojen los músculos). Vamos a sumar ritmo: contraé y soltá, contraé y soltá… así, varias veces, hasta que sea necesario inspirar de nuevo.

Lo más importante es la profundidad de las contracciones; después, la velocidad. La idea es hacer esto muchas veces mientras permanecés con los pulmones vacíos, y repetirlo varias veces, siempre con la respiración coordinada.

Para superarnos, sumemos dos desafíos:

  1. contá la cantidad de contracciones que conseguiste en el ciclo inicial, y en todos los que le siguen tratá de superar ese monto (por ejemplo, empezaste con 50 contracciones, después, 55, 60 y así sucesivamente).
  2. fijá una meta total de contracciones y hacé todos los ciclos que sean necesarios para alcanzarla. ¡Sin pereza! Ese objetivo puede empezar con una cifra pequeña –digamos, 500 contracciones– e ir avanzando hasta 1500 o 2000 por día.

¿Vamos a empezar el día con todo? Después de este ejercicio intenso, estaremos listos para concretar cada cosa que nos propongamos.

Caminando, ritmá tu respiración

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cuál te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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2 de 100 | Caminando, ritmá tu respiración

Juntemos dos hábitos saludables: caminar y respirar conscientemente. Cuando aprendés las técnicas de nuestra filosofía práctica, descubrís cómo colocar más atención en tu cuerpo, tus movimientos y tu respiración. Eso contribuye a que todo lo que hacés sea más efectivo. Es uno de los recursos a través de los cuales el Método DeRose genera alto rendimiento.

La respiración ritmada consiste en definir a voluntad el tiempo que se dedica a cada fase del ciclo respiratorio. Habitualmente exploramos sólo dos fases: inspiración y exhalación. Nuestra metodología propone incorporar dos períodos más: permanencia con pulmones llenos y con pulmones vacíos.

Durante los próximos segundos, contá lentamente de uno a diez, midiendo cuánto dura un ciclo de tu respiración si no intervenís voluntariamente sobre él. Ese tiempo puede prolongase mucho cuando hay un entrenamiento específico sobre la capacidad pulmonar. En la sala de práctica, en general los respiratorios se practican en una posición sentada, neutra, con la espalda derecha. ¿Podremos llevarlos fuera de ella?

Te invito al siguiente experimento: cuando estés caminando, contá el tiempo de la inspiración en pasos. Digamos, cuatro pasos para llenar los pulmones. Permanecé durante cuatro pasos con los pulmones llenos, exhalá en cuatro más y, por útimo, cuatro pasos sin aire para cerrar el ciclo y dar lugar al próximo. Así vas a incorporar el ritmo cuadrado, bien simple y sin extensas retenciones.

Mantené la caminata a una buena velocidad y concentrate en la respiración. Vas a llegar antes a donde sea que vayas, con una deliciosa sensación de oxigenación cerebral y vitalidad extra.

Para considerar: en entrenamientos de footing, atletismo o para carreras específicas, es mejor seguir el ritmo respiratorio más adecuado para esa actividad, que indique el entrenador a cargo.

En una fila, entrená estabilidad

Hoy traigo una idea nueva. Bueno, no una, sino por lo menos cien; pero de a una por vez.
Te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Así que, con este, doy el puntapié inicial de una serie de breves artículos que describen cien maneras de desarrollar alta performance. Habrá algunas más simples, otras que requieran un poco más de entrenamiento o incluso el desarrollo de mayor conciencia corporal. Pero si practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

1 de 100 | En una fila, entrená estabilidad parándote sobre la punta de los pies

Seamos realistas: cuando ponemos en práctica fuera de la sala lo que aprendemos dentro de ella, es importante pasar inadvertidos. Así que no llamar la atención, evitar ser “el raro” en la interacción social será la regla principal; no sólo para este entrenamiento sino para todos los demás. Aquellos que necesiten más privacidad, es mejor hacerlos puertas adentro.

¿A quién le gustan las filas? A nadie. Lo mejor es evitarlas. Pero, cada tanto, nos vemos atrapados en una de estas infames formaciones. Ya sea por un trámite, en el banco o esperando cualquier cosa, lo terrible es ver el tiempo que se escurre entre las manos sin poder hacer nada útil.

Ahí va mi primera recomendación, más que obvia: si podés evitar hacer fila, salí de ella. No te entregues a la mansedumbre del rebaño humano que simplemente espera. Pero, si no podés evitarlo… ¡aprovechala!

Dejá tus dos pies bien juntos y elevá los talones, extendiendo los empeines. Proponete una buena permanencia (mínimo de cinco minutos) sin apoyar los talones. Buscá mantenerte muy quieto. Mientras hacés esto, estarás fortaleciendo los músculos de las pantorrillas, entrenando un ejercicio muy simple de estabilidad y preparando el camino para otras técnicas más fuertes, que vamos a desarrollar en la sala. Procurá manetener la expresión facial descontraída. Es fácil, pero intenso.
Tratá de no interrumpir la permanencia, que es lo que torna poderosa esta técnica. Si tenés que avanzar en la fila, hacelo. Priorizá la discreción… y en cuanto puedas, volvé a empezar el ejercicio.

Lo primero a la mañana

La vida está hecha de hábitos. ¿Ya lo habían notado? Una vez me di cuenta de que luego de despertarme, tiendo a repetir la misma secuencia, día tras día. Todo bien –hasta genial, diría– si no fuera porque ese día también noté que algunas cosas de esa secuencia yo no las estaba eligiendo. Estaban allí, simplemente instaladas, casi irreversibles.

La manera de salir de la cama. Cómo te lavás los dientes. El orden en que te bañás. Y te secás. El desayuno, en cantidad, calidad y, nuevamente, en orden (para mí era siempre primero la tostada, después el mate o el café). La manera de vestirte, la secuencia previa a salir de casa (todos los checks y revisiones, conscientes o no). Si nunca observaron esto, bienvenidos al microuniverso de la autopercepción detallada. En seguida me pregunté si sería posible alterar lo que me gustaba menos. Y resultó que sí, sólo hacía falta una buena dosis extra de energía.

Primero, la observación. Después, seleccionar lo que querés cambiar. Y a continuación… ¡modificarlo! Para mí, fue fundamental en este proceso la reeducación respiratoria, algunas técnicas orgánicas que mejoraron mi tono muscular y flexibilidad, estimular una actitud más descontraída y la concentración mental proporcionada por el Método que practico. Y, por supuesto, esta transformación se fue extendiendo no sólo a la rutina de la mañana sino a todo el día. En otro post les cuento cómo a través de estos recursos fui construyendo una versión mejor de mí misma.

100% entusiasmo

Todo es posible cuando uno realmente quiere. A veces, si algo no resulta como deseamos–mejor dicho, como pensamos que deseamos–, solemos trasladar la responsabilidad a la vida, a la naturaleza, a cualquiera menos a nosotros mismos.

Pero si nos fijamos bien, puede ser que simplemente nos haya faltado entusiasmo. Puede ser que no deseáramos de verdad aquella conquista. Y no se trata sólo de afirmar que el deseo existe: hay que sentirlo, vivirlo, respirarlo, tenerlo presente cada instante, no dejar que se pierda ni salga de nuestro foco.

En este mundo lleno de estímulos, mantener el foco en una sola cosa no es tarea sencilla; sin embargo, a muchos les gustan más los desafíos que aquello que viene con facilidad. Si sos una de estas personas, recordá que la llave para superar los desafíos –más allá del foco– es cultivar el entusiasmo. Este es un ingrediente esencial en cualquier receta para el éxito.

Una persona entusiasmada lo puede todo. Pero no entendamos esa característica sólo como algo que debe estar presente en función de un objetivo que se quiere conquistar. Se trata del entusiasmo espontáneo, que impregna cada micro-acción de nuestra vida diaria, desde el momento del despertar.

¿Y, de dónde surge ese entusiasmo? Hay muchos factores involucrados: si el individuo hace lo que le gusta; si se relaciona con personas con las que tiene afinidad; si genera las condiciones para producir más que lo que su jefe, su madre, su pareja o el mundo le pide; si se sitúa en el lugar que le corresponde. O sea: si es dueño de su propia vida. Cuando lo logra, es decir que hace sus propias elecciones en todo, el entusiasmo surge naturalmente.

Es cierto que todos tenemos altos y bajos, pero ¿será posible desarrollar entusiasmo en forma voluntaria? Sí, el entusiasmo puede ser una constante generada por decisión propia. ¿Cómo? Haciendo lo que nos gusta o, si no es posible, procurando que nos guste más lo que hacemos; no dando lugar a que otros interfieran en nuestras elecciones; seleccionando con más frecuencia cosas, personas y situaciones placenteras. En fin, permitiéndonos estar satisfechos y manteniendo ese estado por medio de acciones.

¡Definitivamente, los que mantienen el entusiasmo “prendido” por más tiempo son los que lo pueden todo!

Parar para crecer

Cuando queremos conquistar algo, indiscutiblemente tenemos que concentrarnos, hacer foco, realizar acciones concretas. En esos casos, que ocupan gran parte de nuestros objetivos y nuestro tiempo, siempre viene bien tener algún sistema para organizarnos y reducir la dispersión.

Pero no podemos dejar de lado que las realizaciones son una manera de evolucionar, aunque no la única posible. La alta productividad evidentemente es útil para prosperar en determinados aspectos. Sin embargo, es importante observarse continuamente, para saber hasta qué punto uno rinde más si se exige más, y cuándo todo el sistema se transforma en un círculo vicioso que acaba conduciéndonos hacia el estrés y la saturación.

Antes de llegar a ese punto, hay muchísimas opciones que nos permiten evolucionar como personas en forma balanceada. Una elección válida es practicar alguna disciplina que abarque calidad de vida y desarrollo personal (en mi caso, he elegido el Método DeRose). Paralelamente, una posibilidad enorme de crecimiento se presenta cuando viajamos.

Una pausa en el camino

Encontramos una buena oportunidad para crecer cuando abrimos los horizontes y nos disponemos a conocer nuevos lugares, culturas diferentes, otros amigos. Si las capitalizamos bien, este tipo de experiencias nos acomodan en otro punto de vista, permitiéndonos reafirmar o revisar valores y creencias para modificar lo que haga falta.

Corto o largo, acompañado o solitario, ir cerca o lejos… cada viaje será una invitación a interrumpir el ritmo de la rutina cotidiana para ampliar la perspectiva. Viajar es un excelente catalizador evolutivo.

Es común que durante un viaje se produzca el fenómeno de “parar para ver”. Hagamos un paralelismo: es como si nuestra vida diaria fuese un tránsito a través de un sendero angosto entre dos aldeas de montaña e, independientemente de la prisa en llegar de un lugar a otro, detuviéramos por un instante la caminata para apreciar la belleza de la naturaleza alrededor, generando un momento mágico, especial, en el que por un instante todo se detiene y somos capaces de percibir los aspectos más sutiles del universo que nos rodea. Después de eso, no veremos el camino con los mismos ojos. Una travesía bien aprovechada es exactamente como ese impasse.

Muchas veces la distancia más corta entre dos sitios nos aleja de la ruta más bonita. Apreciar la belleza que existe dentro y alrededor de nosotros demanda un sendero más largo, dar algún rodeo, detenerse unos minutos.

Dentro de la atribulada vida urbana de estos días, un viaje es una excelente opción para parar un poco. Y crecer.

De feriados, vacaciones y otros días especiales

Me gusta trabajar. Sí, así como suena. Lo disfruto tanto que siento que la acepción tradicional del término trabajo no se aplica a lo que hago. Muchas veces me descubrí pensando en una palabra que defina lo que siento por mi profesión: una que no incluya los conceptos de sacrificio, disgusto o “sudor de tu frente”. Amo apasionadamente cada faceta del Método que elegí para vivir y enseñar.

Me gusta mi profesión por muchas cosas. Una de ellas que es que encuentro la manera de que ningún día sea igual al otro. Mi cotidianeidad incluye una rutina placentera de hábitos y técnicas que en general llevo a cabo a primera hora de la mañana. Y después, cada día es una sorpresa. Eso es lo mejor de todo.

A veces, el calendario indica que el día es feriado. ¡Casi se me pasa…, no lo estoy esperando especialmente! Decido entonces que ese día especial lo voy a utilizar para cosas diferentes (escribir, visitar amigos, más tiempo dedicado a leer…). Ya les dije: mi trabajo no merece ser llamado así, tiene mucho de placer.

¿Y cuando llegan las vacaciones? Es difícil pensar en quince días sin hacer nada. Yo no soy así. Siento que cada uno de esos días diferentes es una oportunidad de descubrir nuevos horizontes que, sin duda, enriquecerán después mi capacidad de transmitir los conceptos de buena calidad de vida, buenas maneras, buenas relaciones humanas, buena cultura, buena alimentación y buena forma que son propios del Método DeRose.

Sería natural que, al leer esto, la primera deducción fuera: ¡estamos frente a una auténtica workaholic! Pero no, no es así. Un placer conocerlos: están frente a Natalia, una persona que, simplemente, ama lo que hace y pone toda su pasión en ello. Y a partir de hoy, espero compartirlo con cada uno de ustedes.

¿De qué hablamos cuando hablamos de calidad de vida?

Concepto amplio si los hay, forma parte de uno u otro modo del vocabulario que utilizamos cotidianamente. Todos sabemos a qué nos referimos cuando mencionamos la calidad de vida, pero a la hora de definirla surgen imprecisiones y subjetividades.

Una explicación que me encanta es la que da DeRose, escritor brasileño contemporáneo especializado en este asunto: Calidad de vida es tornar la existencia menos complicada, es hacer lo que da placer, con alegría, salud y bienestar. Me parece una definición consistente, al alcance de todos los que queremos mejorar nuestra vida, no sólo para nosotros mismos sino también para influir positivamente sobre el entorno.

Pero, en la práctica: ¿qué está en nuestras manos hacer?

Una alimentación adecuada es la que nos proporciona los nutrientes necesarios para el tipo de vida que llevamos. Un buen parámetro para evaluar si estamos comiendo en forma saludable es observar cómo nos sentimos inmediatamente después: ¿pesados y lentos o ágiles y livianos? Si al terminar de comer cuesta continuar con las actividades, es señal de que sería inteligente introducir algunos  cambios.

Algunos hábitos emocionales desgastan, porque consumen muchísima energía que podríamos aprovechar para crecer. Vale la pena observarse y hacer lo necesario para modificarlos.

Podemos practicar alguna actividad corporal que disfrutemos y nos genere un cierto desafío. Movimiento, acción y autosuperación son factores insustituibles para vivir mejor. Encontrar nuestra propia motivación interna, trabajar por una causa, proponerse evolucionar, crecer y ser feliz.

Básica y simplemente, se trata de descubrir cosas que nos apasione hacer… y ¡hacerlas!

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