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La fuerza y la voluntad
01 Mar 2017

La fuerza y la voluntad

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01 Mar 2017

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

13 de 100 | La fuerza y la voluntad

Hace decenas de miles de años, la fuerza era una herramienta de supervivencia. Cuando nuestra especie vivía en las oscuridades de las cavernas, tener la capacidad física de apartar una piedra de la entrada podía ser la diferencia entre ver el sol al día siguiente… o no.

La evolución social le dio un vuelco interesante a esta cuestión; si bien ya no es estrictamente necesario tener ese tipo de vigor para sobrevivir, desde que se empezaron a generar registros fotográficos y filmados “el hombre fuerte” pasó a ser arquetipo de buena forma. La fuerza física también ha sido usada como inspiración estética, medida de comparación y hasta como escala de valores (el fuerte versus el débil, el ganador versus el perdedor, y así ad infinitum).

Podríamos escribir un libro entero sobre la fuerza del cuerpo, en vista de todas las facetas que tiene; pero elegimos considerarla desde un punto de vista práctico: la necesidad de tener un organismo resistente, capaz de acompañar lo que nos den ganas de hacer. La fuerza física, entonces, es una característica indispensable para la libertad.

Fuerza es sinónimo de energía, de acción; de ahí nuestro interés en desarrollarla. A un organismo sin firmeza le van a faltar capacidad de movimiento y de realización, necesarias para concretar sus objetivos, ya sea algo tan simple como abrir un frasco o una proeza deportiva de alto rendimiento.

Cuando encaramos esa construcción (porque sí, efectivamente es una construcción, hay que enfrentar el desafío progresivamente y como parte de un todo) descubrimos que en la medida que nuestros huesos, articulaciones y músculos se fortalecen, también lo hace la voluntad. La constancia es un jugador fundamental es este equipo.

Desarrollar la fuerza corporal es un proyecto a mediano plazo, pero en el transcurso de este trabajo los límites se desplazan y encontramos que el edificio está lejos de tener un fin. Cuando nos proponemos las primeras metas en este sentido, se despiertan infinitas posibilidades. Al inicio apenas podemos imaginarnos los cimientos, y en cuanto estos están colocados, la altura de la construcción se intuye potencialmente enorme.

Entonces, sabemos que un cuerpo fortalecido es un cuerpo más libre. Y observamos que en prácticamente todos los casos una voluntad firme suele acompañarlo. Pero, ¿qué viene primero, la fuerza o la voluntad?

Sin duda será necesaria la segunda para construir la primera. Y si la voluntad de acero no es tu punto fuerte, ahí va mi recomendación: empezá por entrenar en forma constante y respetuosa con el cuerpo. Sumá progresivamente tiempo de permanencia en cada técnica. Hacé de ese entrenamiento una diversión. ¡Y que la fuerza desarrollada sea la consecuencia de todo lo demás!

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