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Administración de las emociones en el tráfico
28 Abr 2015

Administración de las emociones en el tráfico

Este artículo forma parte de la serie

28 Abr 2015

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

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El dominio de uno mismo es un poco como el buen gusto: todos creemos que lo tenemos. Hasta que… ¡manejamos! Hasta el más dueño de sí se transforma de un simpático Dr. Jekyll en un maléfico Mr. Hyde (Disney mostró esta dicotomía en una animación de 1950 con Goofy como protagonista. Antigua, pero muy realista)

¿Y cómo es que el Método DeRose puede de alguna forma participar en un momento tan delicado? A través de dos de sus conceptos: buenas maneras y civilidad.

Cuando practicamos las buenas maneras nos proponemos tratar a las demás personas de la mejor forma posible, con educación y respeto. Cuando hablamos de civilidad, hacemos extensivo ese respeto a toda la sociedad. Es justamente eso lo que necesitamos, esa conciencia expandida que nos recuerda que somos parte de un grupo social, para cuidar especialmente nuestras formas a la hora de un desentendimiento público.

Porque, en el tráfico, casi nunca los culpables somos nosotros ¿no? Empecemos justamente por ahí. ¿Qué tal pedir disculpas (aunque no nos consideremos responsables) como una manera de bajar la agresividad de todos, inclusive la nuestra?

Hace un tiempo atrás, un colega mío que vive y trabaja en São Paulo tuvo un encuentro físico con otro auto. Un choque, digamos. Independientemente del daño que se hagan los automóviles, está en nuestras manos mantener nuestra emocionalidad bajo control, evitando que la cuestión pase a más. Así, este querido colega se bajó con tranquilidad de su vehículo y ofreció al otro conductor cubrir los costos del choque en el acto. Sí, sí: en el mismo momento, sin esperar a los trámites del seguro, sin mayores dilaciones. Obviamente, esta actitud tan noble disipó la indignación del otro involucrado, y llegaron a buenos términos, sin tener que lamentar nada más grave que una abolladura.

Lo que me parece interesante más allá del acontecimiento particular es cómo cada uno de nosotros tiene el poder de dar el ejemplo, a través de la intervención positiva en el mundo alrededor. Es notable como conjugando las técnicas y los conceptos del Método DeRose esta posibilidad se concreta, accionando aquello que necesitamos, cotidianamente, para construir nuestra mejor versión.

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