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Descontracción después de almorzar
12 Feb 2015

Descontracción después de almorzar

Este artículo forma parte de la serie

12 Feb 2015

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

5 de 100 | Descontracción después de almorzar

Si hay algo incómodo, es sentirse pesado y somnoliento después de almorzar. Por supuesto, generalmente lo podemos resolver con un almuerzo liviano. Pero… ¿y si no fue el caso? ¿Y si por cualquier motivo comimos un poco más de la cuenta, y tenemos que seguir trabajando, entrenando o estudiando?

Lo primero a considerar es, que si la alimentación fue consciente, de acuerdo con los principios biológicos que proponemos, será más fácil de digerir. Aun así, puede que en el instante post-almuerzo nos sintamos con ganas de hacer un break. Si lo pensás bien, aparece una oportunidad más de incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana.

Vamos a necesitar, como máximo, diez minutos y un poquito de privacidad. Lo indicado es hacer esta técnica acostados, pero si no se puede… ¡adaptación es la palabra clave! Una silla o sillón confortables pueden servir también.

La propuesta es: no te duermas. Podés acercarte al estado de sueño, pero evitá caer en él. Cerrá los ojos y, mentalmente, comenzá a recorrer todo tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, desde la piel hacia el interior. Imaginá que el peso del organismo desaparece, que se hace increíblemente liviano. Pasá a través de los pies, las piernas, las caderas. Descontraé la región media del cuerpo, pelvis, abdomen, espalda, tórax. Avanzá desde las clavículas hacia los hombros, codos, brazos, manos. Después, el cuello y la cabeza. Detenete un poquito más de tiempo en ella, relajando los labios, la lengua, los músculos faciales (sometidos a imperceptibles micromovimientos a lo largo del día), los ojos, la frente. Incluso el cuero cabelludo puede descansar.

Nuevamente: no te duermas (si no estás atento y voluntariamente despierto, en este punto es posible que el sueño te tiente. La voluntad es la clave.) Si la relajación es profunda, este es el momento en que estás reponiendo todas tus energías. Aprovechá para descansar los pensamientos, enfocándolos en una única imagen, que represente con claridad algo que quieras concretar en el rato que sigue.

Cuando estés listo, preparate para volver, y hacelo con sutileza, a través de los cinco sentidos, activándolos de a uno. Después, desperezate poderosamente y… ¡voilá! Vas a estar listo para trabajar, entrenar, estudiar o lo que quieras hacer, lleno de vitalidad y energía.

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