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Emprendedorismo

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¿Por qué fracasa la mayoría de las ideas?

En el mundo del emprendedorismo hay un dicho que dice que las ideas no tienen valor sin ejecución. Puede sonar un poco fuerte, pero es así.

No se trata de quitarle la importancia al proceso creativo y a pensar afuera de la caja. Ese tipo de actividades son de vital importancia para inspirar la innovación. Pero el llevar a cabo grandes ideas, convertirlas en realidad… eso es otra historia: como dijo Thomas Edison: Innovar es 1% inspiración y 99% transpiración.

Alguna vez escuche a DeRose, pedir que cualquier sugerencia para mejorar necesariamente tiene que venir acompañada de un ofrecimiento a llevarla a cabo.

El contexto que DeROSE Method proporciona es un ámbito ideal para emprender en ese aspecto; Se trata de una cultura que promueve el emprendedorismo, que proporciona herramientas técnicas para aumentar el foco y administrar las emociones y el stress.

En mi experiencia como desarrollador de software pasé por varias situaciones en las que me pidieron que firme acuerdos de confidencialidad (NDA) y me llevó un tiempo darme cuenta de lo innecesarios que son a veces.

Si la principal barrera de entrada a un negocio es que los competidores no lo conozca la competencia, entonces quizás no sea tan buena idea después de todo. Quienes vivieron durante los 90 seguramente recuerdan la proliferación de canchas de paddle en todo Buenos Aires. Las instalaciones eran tan poco costosas, y el mercado parecía tentador, pero a la larga la saturación de oferta llevó a la quiebra a casi todos los que quisieron emprender con esa idea.

Derek Sivers utiliza un enfoque más matemático para describir este problema. Si conseguimos ponerle un valor a una idea en una escala del 1 al 10, este valor no es más que un multiplicador en la formula Idea x Ejecución = Negocio.

A mí me gusta simplificarlo en los siguientes cuadrantes:

Visto así, la idea más brillante, con una pésima ejecución daría como resultado un negocio pobre, mientras que la unión de una idea brillante con una ejecución increíble, da como resultado algo muy interesante. Sentido común, ¿no?

Esa combinación de una buena idea y una buena ejecución son los principales ingredientes para lo que en el mundo del emprendedorismo se llama un Unicornio, debido a su rareza y lo inalcanzables que suelen ser.

¿Qué se necesita para una gran ejecución? Motivación (muchas veces esto parte de la idea), plan claro y objetivos (bajar a la realidad), equipo en sintonía (personas con quienes se comparte la visión y el trabajo de llevarla a cabo), foco (para no perdernos en el camino). Claro que hay muchos factores más que podemos considerar, pero ese es un buen comienzo.

El multitasking es un mito

Todos caemos en la trampa, es sólo cuestión de contar cuántas pestañas tiene abiertas nuestro navegador en este momento y reflexionar. (¡En mi caso son muchas!)

Es que con la velocidad a la que crecen nuestras listas de tareas, es tentador pensar en juntar varias y hacerlas a la vez. Pero la realidad es otra: el cerebro no está diseñado para trabajar en dos o más cosas al mismo tiempo.

Cuando pensamos que hacemos multitasking, en realidad estamos saltando de una tarea a otra rápidamente, y eso tiene un costo, tanto cognitivo como de rendimiento.

Cada tarea necesita una mentalidad particular; cambiar constantemente no nos permite alcanzar ese estado ideal. Cuando alternamos funciones somos más propensos a cometer errores, especialmente en aquellas que necesitan pensamiento crítico. Más aún, puede producir agotamiento emocional y mental, aumentando el stress y reduciendo funciones como la memoria a corto plazo y la capacidad de observación.

Al hablar de multitasking, en realidad estamos hablando de otra cosa: el arte de prestar atención, la habilidad de enfocarnos en una cosa y, más aún, de discernir qué objetos son merecedores de nuestro foco. Muchos de aquellos que obtuvieron grandes logros en sus vidas dan el crédito de su éxito a su capacidad de foco. Isaac Newton, por ejemplo, dijo que su genio tenía más que ver con la atención paciente que con cualquier otro talento.

Sin importar cuál es el rubro, la parte más difícil de conquistar en el camino al éxito no es la mecánica del negocio. Lo que hace la diferencia es el foco: si algo merece ser hecho, merece ser hecho bien, con la atención plena y las habilidades canalizadas en esa tarea, en ese momento.

Sin embargo, hoy en día nuestra capacidad de concentrarnos está muy poco entrenada. Necesitamos libros y cursos para enseñarnos a evitar las distracciones, ¡y hasta necesitamos que los dispositivos electrónicos nos ayuden a superar el déficit de atención que ellos mismos generan!

Todos tenemos una cantidad limitada de atención disponible, y al hacer tareas en paralelo se divide. La tarea que estamos realizando es la que se lleva una porción mayor de la torta. No queda mucho para otras cosas, con la excepción de actividades automáticas como caminar o masticar chicle.

Si hacemos algo en piloto automático, como por ejemplo lavar la ropa, entonces sí tiene sentido leer un libro al mismo tiempo. Pero intentar hacer dos tareas demandantes a la vez, aunque sean simples, termina siendo contraproducente. Pasar de una tarea a otra en realidad reduce la productividad: gastamos energía en el proceso y no entramos en el estado de conciencia ideal para alcanzar los resultados que esperamos.

Las redes sociales están promoviendo un condicionamiento: cuando chequeamos nuestro email, o facebook, cada tanto recibimos algo útil o valioso, o gracioso. Pero esto sucede en forma aleatoria. En psicología eso se llama refuerzo aleatorio, y es suficiente para reforzar un hábito. Este tipo de hábitos aleatorios son muy dificiles de corregir.

¿Cuál es la moraleja? Multitasking no es una habilidad para agregar al curriculum, sino un hábito a mejorar. Apagar las notificaciones del celular, chequear el mail a la mañana y al mediodía, dejar diez minutos a la tarde para Twitter. Pasar del multitasking al singletasking y hacerlo con orgullo.