Una eximia memoria
26 Jun 2017

Una eximia memoria

Nunca conocí a alguien con tanta memoria

26 Jun 2017

Nunca conocí a alguien con tanta memoria como mi abuelo. Se acuerda de cada detalle de las historias que cuenta. Sabe las fechas, los momentos, las ciudades en las que pasaron tantas cosas de su vida. Son historias que contó un montón de veces, y cada vez que las relata lo hace con más detalles. Por momentos me pregunto si es que hizo el ejercicio de ir repitiéndolas en su cabeza o simplemente tiene una habilidad innata.

Hoy, Facebook me cuenta lo que “pasó” hace uno, dos y hasta diez años. Me lo muestra a través de fotos y videos. Pero, ¿yo podría conservar en mi memoria tantas cosas, así como lo hace mi abuelo, si no tuviera a alguien que me lo recuerde todos los días? Ni hablar de los hechos que pasaron quince o veinte años atrás, cuando todavía no existían las redes sociales.

En la secundaria me hicieron leer Farenheit 451, de Ray Bradbury. Y sí, digo “me hicieron leer” porque normalmente me aburrían mucho esos libros; pero Bradbury logró algo que no muchos habían conseguido. En esa novela, los libros estaban prohibidos y los bomberos se ocupaban de incendiarlos. Eso me llevó a pensar cómo sería el mundo sin libros, sin nada que soporte gran parte del conocimiento de la humanidad.

Entonces vuelvo a mi abuelo y a su eximia memoria. Quizás él podría ser de esas personas que consigan que el conocimiento no se pierda. Pero necesitaría discípulos, gente que sienta la necesidad de que nada se modifique con el tiempo, de que las historias, las costumbres, las culturas sigan transmitiéndose de generación en generación, de boca a oído. Así, quedarían dos opciones: nacer con una gran memoria o entrenarla.

En mi caso, practicar es la alternativa. Tratar de recordar los eventos que pasaron hace un año, quiénes estaban, por qué y buscar hacer una anécdota de eso, para que sea más fácil de retener.

Hace unos años que están de moda los audiobooks. Pero para mí, estar cerca de las personas que tienen más experiencia y escuchar sus relatos es un gran ejercicio para aprender a narrar momentos de la vida. Yo prefiero escuchar audioabuelo y otros audiofamiliares que me cuentan historias de sus vidas y le dan color a la mía.

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