De la mano
20 Abr 2017

De la mano

Me acuerdo que todas las noches, cuando

20 Abr 2017

Me acuerdo que todas las noches, cuando era chica, mi mamá o mi papá me daban la mano antes de dormir. Sólo con el pedido, nombrando la palabra, y ahí estaba alguno de los dos. Todavía no entiendo cómo ni cuándo eso se tornó una costumbre, pero surgió y es algo que me acompaña hasta el día de hoy.

Darse la mano es más, mucho más que sólo ese acto. Darse la mano es sentir una compañía casi incondicional, es saber que hay alguien al lado en quien confiar.

Para mí, dar la mano también es ir de la mano. Significa ir caminando y por momentos ser guía y a veces ser guiado; y que me avisen si voy a tropezarme con algo, o si es mejor frenar y tomar otro camino.

Y es dar una mano, incluso sin tener que pedirla. Es saber que puedo contar con otras personas y ellas conmigo. Sin necesidad de decir nada.

Darse la mano es un acto sensorial. Es sentir el calor del otro cuando hace frío, es dar cariño y recibirlo, es juego y pasión, es amor y amistad, es un beso y una caricia.

Durante esos años de mi infancia, también llegaba el momento de soltarse; y esa era la parte más difícil. Aunque parecía que estaba dormida, no era así, y entonces cuando me daba cuenta que alguno de mis padres se alejaba, apretaba de nuevo su mano. Sabía que no iba a dormirme y que eventualmente iba a tener que soltar esa mano, pero también sabía que la noche siguiente volvería a estar ahí.

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