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marzo 2017

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El momento perfecto

Timing is the answer to success

Kevin Johansen

La gente piensa que, como las cámaras ahora son digitales, uno puede disparar a mansalva, sin criterio y casi sin encuadrar. Si de un momento específico tenemos miles y miles de imágenes, ¿cómo vamos a hacer para optar por una sola?

Después de la toma, ya sea que haya 400 ó 2 fotos, tenemos que seleccionar una; y es esa la que va a tener valor. Si tomamos 400, probablemente, elegir nos tome mucho tiempo, opiniones ajenas y la duda sobre si la del segundo antes no era mejor. Cuando decidimos entre 2, ya no es tan difícil, porque antes tuvimos la posibilidad de mirar, esperar, encuadrar. Dejamos pasar esas 398 fotos restantes, porque sabíamos que, en realidad no eran necesarias.

Lo que más me gusta es sentirme involucrada en el momento. Ponerse detrás de la cámara es una forma de ser protagonista del resultado, es como tomar la batuta y dirigir la orquesta, una orquesta propia.

Cuando la persona se da cuenta que está siendo fotografiada, pueden pasar dos cosas: que se asuste y se esconda; o que me mire y conectemos. De todas maneras, siempre siento que la espera, como en muchos otros casos, no es pasiva, es activa. Todo depende de en qué lugar estoy, desde qué ángulo quiero tomar la foto, cuál es el mensaje que quiero transmitir y claro, de aquel objeto a fotografiar.

El fotógrafo Alan McFayden logró, después de 6 años, capturar la foto que quería de un martín pescador lanzándose directo al agua sin salpicar. Después de 720.000 disparos a conciencia y 4.200 horas invertidas, consiguió la foto buscada.

No es lo mismo tomar una foto en invierno o en verano, no es lo mismo tomarla de día o de noche. Esperar a que todo encaje y se produzca una combinación tan ideal puede tomar minutos, días, horas y hasta años, buscando el momento perfecto.

Vegetales salteados al estilo hindú

Si todos los mataderos tuvieran paredes de cristal,
todas las personas serían vegetarianas.

Paul McCartney

Las técnicas del Método DeRose abrevan en una cultura milenaria, que existía hace más de 5.000 años en territorios que hoy en día comparten la India y Pakistán. Estos pueblos tradicionalmente se alimentan sin carne, y rescatamos esa sabiduría en este plato, especiadísimo, lleno de sabor y de nutrientes.

VAS A NECESITAR

  • 1 cucharada de té de aceite de oliva extra virgen, prensado en frío.
  • 1 cucharada de té de curry (el de mejor calidad que puedas conseguir)
  • 1 cucharada de té de comino en grano
  • 1/8 cucharada de té de pimienta roja molida
  • 1-1/2 cucharada de té de semillas de jalapeño picadas (podés usar algún otro picante… ¡pero que sea bien fuerte!)
  • 2 dientes de ajo picados
  • 3/4 de taza de pimientos morrones picados
  • 3/4 de taza de zanahorias en rodajas finitas
  • 3 tazas de coliflor (las flores)
  • 1/2 taza de agua
  • 1/2 cuchara de té de sal marina
  • 2 cucharadas de té de cilantro picado (opcional)

PREPARACIÓN

  1. Calentá aceite en una sartén grande o un wok, con el fuego medio a fuerte. Añadí el curry, el comino y las pimienta roja. Cociná removiendo por cerca de 30 segundos (no más porque si las especias se queman van a dejar un sabor amargo en la comida)
  2. Agregá las semillas de jalapeño y el ajo. Sumá el pimiento, las zanahorias y la coliflor, mezclando bien. En este punto, bajá el fuego a medio.
  3. Es el momento de adicionar ¼ de taza de agua, cocinar e ir revolviendo hasta que el agua se evapore. Entonces, sumá ¼ más de taza de agua, tapá y cociná por 8 a 10 minutos, o hasta que los vegetales estén crujientes pero tiernos… el punto lo decidís vos.
  4. Antes de servir sumá sal marina, mezclá bien y espolvoreá con cilantro, si te gusta.

Fuentes:

Receta: http://www.epicurious.com/

Foto: http://freevegetablerecipes.blogspot.com.ar/

Algo está desapareciendo

Nuestro cuerpo es económico. Cuando dejamos de usar alguna de sus funciones, el organismo asume que ya no es más necesaria. Muchas veces es muy difícil de recuperar, otras, imposible.

Si uno tiene un accidente y se quiebra un brazo, probablemente pase un mes enyesado. ¿La recuperación? Bueno, puede variar entre uno y tres meses. ¿Y si alguien se tapa un ojo por un mes? Tal vez, cuando lo destape, no vea por un tiempo de ese ojo, después vea doble y quizás luego recupere la visión en su totalidad ¿Ya lo pensaste? Algunas sinapsis neuronales se pierden si hasta cierta edad no se produjeron.

Hace poco soñé que una persona volvía de una expedición en otro planeta y bajaba de su nave diciendo con preocupación: “¡no conocemos nuestro Universo y por eso está desapareciendo!”. Al enterarme de esa noticia, la desesperación me invadió.

Entonces reflexioné sobre ese sueño. Existen tantas herramientas disponibles, a la vista, y no las usamos. Sabemos que están ahí y pensamos que van a estar para siempre. Creemos que vamos a tener tiempo y por eso postergamos su aprovechamiento o priorizamos otras cosas.

Cada día que pasemos sin hacer algo para acercarnos más a lo que somos, es un día más en el que el Universo se va borrando, va desapareciendo. Si no trabajamos para conseguir lo que deseamos, si no entrenamos para perfeccionarnos, esos objetivos van quedando más y más lejos. Pero, aunque sea a paso lento, si es firme, no hay nada que pueda frenarnos. El Universo sólo existe si hacemos algo con él.

La fuerza y la voluntad

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

13 de 100 | La fuerza y la voluntad

Hace decenas de miles de años, la fuerza era una herramienta de supervivencia. Cuando nuestra especie vivía en las oscuridades de las cavernas, tener la capacidad física de apartar una piedra de la entrada podía ser la diferencia entre ver el sol al día siguiente… o no.

La evolución social le dio un vuelco interesante a esta cuestión; si bien ya no es estrictamente necesario tener ese tipo de vigor para sobrevivir, desde que se empezaron a generar registros fotográficos y filmados “el hombre fuerte” pasó a ser arquetipo de buena forma. La fuerza física también ha sido usada como inspiración estética, medida de comparación y hasta como escala de valores (el fuerte versus el débil, el ganador versus el perdedor, y así ad infinitum).

Podríamos escribir un libro entero sobre la fuerza del cuerpo, en vista de todas las facetas que tiene; pero elegimos considerarla desde un punto de vista práctico: la necesidad de tener un organismo resistente, capaz de acompañar lo que nos den ganas de hacer. La fuerza física, entonces, es una característica indispensable para la libertad.

Fuerza es sinónimo de energía, de acción; de ahí nuestro interés en desarrollarla. A un organismo sin firmeza le van a faltar capacidad de movimiento y de realización, necesarias para concretar sus objetivos, ya sea algo tan simple como abrir un frasco o una proeza deportiva de alto rendimiento.

Cuando encaramos esa construcción (porque sí, efectivamente es una construcción, hay que enfrentar el desafío progresivamente y como parte de un todo) descubrimos que en la medida que nuestros huesos, articulaciones y músculos se fortalecen, también lo hace la voluntad. La constancia es un jugador fundamental es este equipo.

Desarrollar la fuerza corporal es un proyecto a mediano plazo, pero en el transcurso de este trabajo los límites se desplazan y encontramos que el edificio está lejos de tener un fin. Cuando nos proponemos las primeras metas en este sentido, se despiertan infinitas posibilidades. Al inicio apenas podemos imaginarnos los cimientos, y en cuanto estos están colocados, la altura de la construcción se intuye potencialmente enorme.

Entonces, sabemos que un cuerpo fortalecido es un cuerpo más libre. Y observamos que en prácticamente todos los casos una voluntad firme suele acompañarlo. Pero, ¿qué viene primero, la fuerza o la voluntad?

Sin duda será necesaria la segunda para construir la primera. Y si la voluntad de acero no es tu punto fuerte, ahí va mi recomendación: empezá por entrenar en forma constante y respetuosa con el cuerpo. Sumá progresivamente tiempo de permanencia en cada técnica. Hacé de ese entrenamiento una diversión. ¡Y que la fuerza desarrollada sea la consecuencia de todo lo demás!