Por dentro y por fuera
06 Feb 2017

Por dentro y por fuera

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06 Feb 2017

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

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A veces no alcanza con lo que hacemos en la superficie. Lo que se ve está reluciente, pero… ¿y lo que no se ve?

Específicamente, estoy hablando de limpieza. No de cualquier limpieza, sino de una que resulta fundamental: la del cuerpo. Bañarnos, lavarnos los dientes, hasta frotar la superficie de la lengua son hábitos de higiene incorporados, cosas que hacemos todos los días casi sin darnos cuenta. Algunas de esas costumbres nos han sido inculcadas aun antes de tener habla. Sin duda son rutinas muy arraigadas, de esas que no nos gusta dejar de lado.

Cuando empezamos a conectarnos con el organismo en forma más profunda, de la mano de las técnicas del Método DeRose, enseguida descubrimos que lo que hacíamos habitualmente para limpiar el cuerpo ya no es suficiente. Hace falta profundizar.

Nuestra filosofía práctica tiene sus raíces en una civilización que existió hace cinco milenios: los drávidas. Las ruinas de sus ciudades (Harappa, Lothal y Mojenho Daro entre las más importantes) revelaron a los arqueólogos algunos datos sorprendentes. Entre ellos, la existencia de agua corriente y baños en cada casa. ¡Hace cinco mil años! (Si resulta complicado pensar en cómo era la vida hace cien o ciento cincuenta años… imaginar cómo era hace cinco mil años es casi imposible.)

Queda de manifiesto que esta antigua cultura consideraba la higiene como algo especialmente importante. Se entendía en forma extensa, no sólo en la superficie. Rescatando esa herencia ancestral, hoy tenemos a nuestra disposición técnicas de limpieza interna, que son útiles para que el organismo funcione mejor.

Vivimos sometidos a una cantidad de polución que, por supuesto, no existía hace miles de años. Así, estos recursos son más necesarios en la actualidad. Nos toca aplicarlos tan cotidianamente como el baño o el cepillado de los dientes.

Algunas de estas técnicas de purificación de las mucosas no requieren más que buena disposición del practicante. Otras utilizan sólo agua. Para aprenderlas es mejor recurrir a un instructor formado y revalidado. Y para descubrir la frecuencia ideal para cada persona, no hay nada mejor que el autoestudio.

Y como lo que se aprende no se “desaprende”, desde hoy no vale barrer debajo de la alfombra… ¡hay que dejar nuestra casa (el cuerpo) brillante por dentro y por fuera!

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