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abril 2015

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Administración de las emociones en el tráfico

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

9 de 100 | Administración de las emociones en el tráfico

El dominio de uno mismo es un poco como el buen gusto: todos creemos que lo tenemos. Hasta que… ¡manejamos! Hasta el más dueño de sí se transforma de un simpático Dr. Jekyll en un maléfico Mr. Hyde (Disney mostró esta dicotomía en una animación de 1950 con Goofy como protagonista. Antigua, pero muy realista)

¿Y cómo es que el Método DeRose puede de alguna forma participar en un momento tan delicado? A través de dos de sus conceptos: buenas maneras y civilidad.

Cuando practicamos las buenas maneras nos proponemos tratar a las demás personas de la mejor forma posible, con educación y respeto. Cuando hablamos de civilidad, hacemos extensivo ese respeto a toda la sociedad. Es justamente eso lo que necesitamos, esa conciencia expandida que nos recuerda que somos parte de un grupo social, para cuidar especialmente nuestras formas a la hora de un desentendimiento público.

Porque, en el tráfico, casi nunca los culpables somos nosotros ¿no? Empecemos justamente por ahí. ¿Qué tal pedir disculpas (aunque no nos consideremos responsables) como una manera de bajar la agresividad de todos, inclusive la nuestra?

Hace un tiempo atrás, un colega mío que vive y trabaja en São Paulo tuvo un encuentro físico con otro auto. Un choque, digamos. Independientemente del daño que se hagan los automóviles, está en nuestras manos mantener nuestra emocionalidad bajo control, evitando que la cuestión pase a más. Así, este querido colega se bajó con tranquilidad de su vehículo y ofreció al otro conductor cubrir los costos del choque en el acto. Sí, sí: en el mismo momento, sin esperar a los trámites del seguro, sin mayores dilaciones. Obviamente, esta actitud tan noble disipó la indignación del otro involucrado, y llegaron a buenos términos, sin tener que lamentar nada más grave que una abolladura.

Lo que me parece interesante más allá del acontecimiento particular es cómo cada uno de nosotros tiene el poder de dar el ejemplo, a través de la intervención positiva en el mundo alrededor. Es notable como conjugando las técnicas y los conceptos del Método DeRose esta posibilidad se concreta, accionando aquello que necesitamos, cotidianamente, para construir nuestra mejor versión.

Mini práctica balanceada de técnicas corporales para potenciar el trabajo

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

8 de 100 | Mini práctica balanceada de técnicas corporales para potenciar el trabajo

Es sabido que nuestra productividad aumenta si intercalamos períodos de trabajo bien enfocado con momentos de otra índole. Si buscamos cuál es la mejor proporción de tiempo, vamos a encontrar varias, algunas hasta con nombre (por ejemplo, la técnica Pomodoro recomienda cinco minutos de pausa entre lapsos intensamente productivos de veinticinco minutos. Esa es justamente la que yo utilizo para escribir, pero hay muchas más). La verdad, me parece que el break se puede ajustar a las necesidades de cada uno, pero… ¿qué hacer en ese tiempo?

Empecemos por restar: hay algunas actividades que, lejos de potenciar nuestro rendimiento, tienden a disminuirlo. El clásico ejemplo del cafecito, en el que, si sumamos los minutos de charla que casi siempre se anexan, demoramos mucho más que lo que inicialmente esperábamos.

Yo me inclino a sumar, en esas pausas, hábitos saludables. Cambiar la posición, para no pasar tanto tiempo sentado. Una manera especial de respirar, tomar algún vaso de agua… hasta comer una fruta es una posibilidad que nos llena de energía.

Mi sugerencia de hoy es una práctica brevísima, apenas cinco minutos de técnicas corporales poderosas, balanceadas, que actúan incrementando la fuerza y la flexibilidad; y mejorando la estabilidad. Por supuesto, evaluá el espacio y las condiciones a tu alrededor para hacer esta mini-práctica. ¡Si contás con un poco de privacidad, siempre es mucho mejor!

Comienza nuestra pausa: supongamos que es de cinco minutos (si preferís parar más tiempo, prolongá la permanencia proporcionalmente en cada técnica).

Empezamos con respiración de soplo rápido, por treinta segundos. Después:

Tracción: parate y juntá tus pies. Elevá los brazos con inspiración y retené el aire con los pulmones llenos, extendiendo con fuerza los brazos hacia arriba. Si estás firme, despegá los talones del suelo sin separarlos. Al bajar, hacelo sincronizadamente: respiración, brazos y talones.

Flexión lateral: manteniendo los pies juntos, elevá nuevamente los brazos por sobre la cabeza, exhalá y flexioná el tronco bien de costado, sin mover las caderas. Permanecé mientras puedas estar sin aire en los pulmones y necesitando inspirar volvé, compensando hacia el otro lado.

Estabilidad: con los dedos de las manos cruzados por detrás de la espalda, elevá una rodilla flexionada y bajá la frente hacia ella, plegando el tronco sobre el muslo. La otra pierna, que sostiene toda la posición, permanece bien extendida. Respirá normalmente buscando permanecer, entrenando a capacidad de permanecer estable sobre un apoyo reducido. Si te resulta demasiado fácil, despegá el talón de apoyo del suelo.

Torsión: ahora, sentate en el suelo. Separá bien las piernas, con las rodillas y los empeines bien extendidos. Al exhalar, llevá la mano izquierda hacia el muslo derecho y la mano derecha, por detrás de la espalda, hacia la otra pierna. Permanecé con los pulmones vacíos, y necesitando inspirar, retorná para compensar de forma idéntica hacia el otro lado.

Anteflexión: aun sentado, extendé ambas piernas hacia adelante y elevá los brazos, traccionando bien la espalda. Al exhalar, bajá el tronco sobre las piernas, buscando mantener la columna bien recta y aproximando el pecho a los muslos. Detenete por unos instantes más en esta posición, elongando placenteramente toda la musculatura posterior del cuerpo.

Retroflexión: voy a contarte una técnica para la cual te tenés que acostar sobre el suelo. Si por el lugar donde estás esto no es posible, hay otras que podés hacer sentado o incluso de pie. En nuestra bibliografía podés investigar más sobre estas variaciones. Apoyá el abdomen sobre el suelo y sujetá con fuerza los empeines con ambas manos. Inspirando, separá los talones de los glúteos, arqueando la espalda hacia atrás, elevando el mentón y abriendo bien el pecho. Mantené mientras puedas permanecer con aire y al exhalar, retorná.

Incorporá también una posición que estés entrenando especialmente (de esas que demandan más fuerza: la que querés que te salga sí o sí). Después, volvé a tu trabajo con todo: el bienestar que las técnicas produjeron se va a reflejar en la performance de los próximos minutos.  ¡Adelante!