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febrero 2015

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Respiración imperceptible para momentos intensos.

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

7 de 100 | Respiración imperceptible para momentos intensos.

Qué inteligente aquel consejo de abuela que decía: “Antes de responder, respirá varias veces”. Creo que si incluyera cómo respirar, sería simplemente perfecto.

Imaginemos una situación de esas que exigen todo de nosotros. Esos momentos en los que apelamos a todos nuestros recursos para no dar una respuesta maleducada… ¡o para no salir corriendo!

Cuando más lo necesita, en el preciso momento antes de que la bomba explote, quien aplica el Método DeRose a su vida sabe que cuenta con un arsenal de técnicas disponibles para auxiliarlo.

En este caso, el propio nombre de la técnica ya hace mención a su forma: respiración imperceptible.  Inspirar y exhalar tan lentamente que no se note que lo estamos haciendo. Pero, ¿esto es posible? ¡Por supuesto! Basta con entrenar un poco, durante algunos minutos cada día a lo largo de varias semanas, y seremos capaces de utilizar esta técnica no sólo como parte de la práctica, sino también como parte de nuestra vida cotidiana.

La primera reacción interna a esta manera particular de respirar se da en el plano emocional: más dueños de nosotros mismos, podemos cultivar las buenas relaciones humanas proporcionando la respuesta exacta, que no incomoda a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Es factible que de la mano de esta técnica se haga visible la solución más efectiva para un problema (que, casualmente, suele ser la menos impregnada de emocionalidad).

Como siempre: no creas. Practicá. Las posibilidades son infinitas y están ahí, esperando para que las descubras.

Soplo rápido para ganar energía en instantes

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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6 de 100 |  Soplo rápido para ganar energía en instantes

Puede pasar en cualquier momento del día. En serio, en cualquier momento. De repente sentimos una disminución del nivel de energía necesario para lo que estamos haciendo. Si estamos estudiando, no nos podemos concentrar tanto como queremos. En medio de una actividad intensa, que demanda más del cuerpo, sentimos que este ya no responde como antes. Los  ejemplos abundan. Digamos que no es nada raro: aun los que incorporamos a nuestra vida hábitos relacionados con la alta performance, podemos sentir que de vez en cuando las baterías flaquean un poco.

Como en el Método DeRose trabajamos con las herramientas adecuadas para elevar el rendimiento en cada situación, apliquemos la que mejor se adapta; en este caso, una técnica del área de los respiratorios: el soplo rápido.

¿Y en qué consiste este ejercicio, novedoso pero antiquísimo? Básicamente, en respirar de una manera específica para aumentar el oxígeno disponible en el organismo, lo que se conoce corrientemente como hiperoxigenación.

Si llega más oxígeno al cerebro, vamos a poder pensar más rápido, resolver problemas con más foco, aumentar la concentración. Y si ese mismo oxígeno es derivado hacia los tejidos musculares, estos tendrán una cuota extra de fuerza y vitalidad.

Pero… axioma número uno de nuestro Método: ¡no creas! Probá vos mismo. La técnica es simple. Sentado en una posición confortable (las mejores son con las piernas cruzadas y la espalda bien erguida) activá la respiración acelerándola, inspirando y exhalando por la nariz, con fuerza y ruido. El sonido es característico: el aire roza con fuerza las fosas nasales, tanto al entrar como al salir. Hacé esta respiración durante un minuto y pará, respirando normalmente. Luego, un minuto más, y otro sin acelerar. Si te sentís mareado, detenete y respirá en forma natural.

Al principio, con dos o tres repeticiones ya podrás sentir la vitalidad extra y aprovecharla. Con más experiencia, sumá algunos ciclos más. Por supuesto, como esta técnica no es totalmente discreta, sólo ejecutala cuando sientas que es posible sin incomodar a nadie.

Luego de algunos minutos, volvé a producir, crear, estudiar o entrenar con toda tu energía disponible. La garantía de fábrica de esta técnica es de más de 5000 años: ¡funciona!

Descontracción después de almorzar

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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5 de 100 | Descontracción después de almorzar

Si hay algo incómodo, es sentirse pesado y somnoliento después de almorzar. Por supuesto, generalmente lo podemos resolver con un almuerzo liviano. Pero… ¿y si no fue el caso? ¿Y si por cualquier motivo comimos un poco más de la cuenta, y tenemos que seguir trabajando, entrenando o estudiando?

Lo primero a considerar es, que si la alimentación fue consciente, de acuerdo con los principios biológicos que proponemos, será más fácil de digerir. Aun así, puede que en el instante post-almuerzo nos sintamos con ganas de hacer un break. Si lo pensás bien, aparece una oportunidad más de incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana.

Vamos a necesitar, como máximo, diez minutos y un poquito de privacidad. Lo indicado es hacer esta técnica acostados, pero si no se puede… ¡adaptación es la palabra clave! Una silla o sillón confortables pueden servir también.

La propuesta es: no te duermas. Podés acercarte al estado de sueño, pero evitá caer en él. Cerrá los ojos y, mentalmente, comenzá a recorrer todo tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, desde la piel hacia el interior. Imaginá que el peso del organismo desaparece, que se hace increíblemente liviano. Pasá a través de los pies, las piernas, las caderas. Descontraé la región media del cuerpo, pelvis, abdomen, espalda, tórax. Avanzá desde las clavículas hacia los hombros, codos, brazos, manos. Después, el cuello y la cabeza. Detenete un poquito más de tiempo en ella, relajando los labios, la lengua, los músculos faciales (sometidos a imperceptibles micromovimientos a lo largo del día), los ojos, la frente. Incluso el cuero cabelludo puede descansar.

Nuevamente: no te duermas (si no estás atento y voluntariamente despierto, en este punto es posible que el sueño te tiente. La voluntad es la clave.) Si la relajación es profunda, este es el momento en que estás reponiendo todas tus energías. Aprovechá para descansar los pensamientos, enfocándolos en una única imagen, que represente con claridad algo que quieras concretar en el rato que sigue.

Cuando estés listo, preparate para volver, y hacelo con sutileza, a través de los cinco sentidos, activándolos de a uno. Después, desperezate poderosamente y… ¡voilá! Vas a estar listo para trabajar, entrenar, estudiar o lo que quieras hacer, lleno de vitalidad y energía.

Meditación para empezar el día

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cual te propongo incorporar el Método DeRose a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

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4 de 100 | Meditación para empezar el día

Suena la alarma… la postergás. Suena de nuevo… otra vez “cinco minutos más”. Así, cuando llega el momento de levantarte, el tiempo ya es escaso y te embarga una incómoda sensación de falta de disciplina.

Para crear un círculo virtuoso en el cual el inicio del día potencie todo lo demás, te propongo empezarlo con Método, con una técnica que aumenta tu productividad, tu sentido de organización y tu concentración, además de estimular la intuición.

Al contrario de lo que se cree popularmente, meditar no es pensar en algo sino parar de pensar. Por lo menos, a eso nos conduce la técnica conocida con ese nombre. Y si bien se describe en tres palabras, alcanzar este estado expandido de la conciencia requiere constancia, disciplina y mucha práctica. Entrenamiento diario.

Podemos empezar con cinco minutos cada mañana. Recién despierto,  en vez de demorar el inicio del día, sentate en la cama o al lado de ella, con las piernas cruzadas. La manera correcta de sentarse demanda cierta atención: las chicas van a dejar el talón derecho en contacto con el perineo, y los chicos el talón izquierdo en esa posición. Cuidá especialmente que tus pies no impidan el descenso de las rodillas, que práctica tras práctica tendrán más flexibilidad y se irán acercando al suelo.

Con la espalda derecha y los hombros sin tensión, formá un cuenco con las manos. Las mujeres, la mano derecha por debajo. Para los hombres, la izquierda sostiene el dorso de la derecha. Y en todos los casos, con ambas palmas hacia arriba.

No se puede simplemente “parar de pensar”. Por mucho que uno se lo proponga,  detener los pensamientos puede ser un hueso duro de roer. Es mejor tener una técnica, un método. Ir conquistando paso a paso, con paciencia y disciplina, la deliciosa sensación de descanso del plano mental, de concentración y de foco que este ejercicio proporciona.

Vamos entonces a empezar por lo más básico, tratando de concentrar el flujo mental en sólo un estímulo. Te propongo que al inicio sea un objeto bien simple (una figura geométrica, por ejemplo). Durante cinco minutos, apenas te despiertes, con los ojos cerrados y en la posición que ya describimos, tratá de fijar tu atención en un círculo de color dorado, sin asociar atributos a esta imagen, sin distraerte. ¡No te duermas! El día ya empezó. Y esta técnica te predispone a aprovecharlo al máximo. Ponela en práctica cada día, hasta que este saludable hábito sea parte de tu rutina matinal.

Lasagna con crema de damascos

En nuestro Espacio Gourmet tuvimos la oportunidad de deleitarnos con una nueva delicia y, a pedido de los comensales, comparto aquí la receta. Una cosa importante: ¡a cocinar! Nada de imprimir la receta y dejarla pegada en la heladera hasta que el papel se añeje. ¡A poner las manos en la masa y después nos cuentan cómo les fue!

Ingredientes (para 6 porciones):

  • 250g de pasta para lasagna
  • 400ml de crema
  • 200g de damascos turcos cortados en pedacitos
  • 500ml de leche
  • 1 cucharada de manteca
  • 1 cebolla mediana cortada en pedacitos
  • 1 pizca de nuez moscada molida
  • sal y pimienta negra a gusto
  • 2 cucharadas de almidón de maiz o harina de trigo
  • 100g de nueces levemente trituradas
  • 100g de almendras fileteadas
  • 400g de muzzarella en fetas
  • 50g de sardo/reggianito/parmesano rallado
  • 1,5 litros de salsa filetto

Preparación:

Freír la cebolla con la manteca hasta que esté doradita. Agregarle la nuez moscada, la pimienta, la sal y la pimienta. Después, la leche, la crema y mezclar bien todo; una pequena parte de la leche, se usa para diluir el almidón y luego incorporarlo a la mezcla anterior. Agregar también las nueces trituradas y los damascos; seguir mezclando para no formar grumos, hasta que se engruese la crema. Reservar.
Preparar la salsa filetto a gusto y usar parte de ella como primera capa de la lasagna, sobre le fondo de una fuente grande. La segunda capa debe ser de pasta para lasagna; enseguida, la crema de damascos y fetas de muzzarella. Repetir una o dos veces más esas capas alternadas. Se debe usar las salsas calientes (por eso no hace falta hidratar la pasta) y terminar con una capa de crema de damascos. Espolvorear el queso rallado y las almendras fileteadas por encima de todo. También se pueden usar unos pedacitos de damasco como decoración. Llevar al horno precalentado a 200 grados durante 30 a 40 minutos. La lasagna estará lista cuando el queso se dore arriba y la pasta esté blanda (hay que fijarse con un tenedor).