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enero 2015

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Por la mañana, contracciones abdominales

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cuál te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

3 de 100 | Por la mañana, contracciones abdominales

Es natural que prestemos poca atención a lo que hacemos apenas nos levantamos. Sin embargo, con un mínimo de atención podemos descubrir que, generalmente, es una rutina repetitiva. Mientras las neuronas se desperezan, solemos hacer exactamente todo de la misma forma, día tras día. Modificar esto conscientemente puede ser una buena idea. ¿El objetivo? Hacer espacio para incorporar algunos hábitos saludables.

Nunca me convenció pensar en “empezar el día con el pie derecho”. De hecho, no creo que haya días más o menos buenos que otros. A mí me parece que uno va creando su realidad a medida que ésta se va presentando. ¿Qué quiero decir con esto? Que si tu mañana no empezó de la mejor manera posible, está en tus manos transformar lo que queda de la jornada en una experiencia sin par.

Entonces, acá va un hábito bien simple para incluir en tu secuencia mañanera: apenas te despertás, hacé algunas series de contracciones abdominales, para estimular el funcionamiento de los órganos de la cavidad abdominal y favorecer la circulación en todo el cuerpo.

Es sencillo: de pie, con los pies separados la misma distancia que hay entre los hombros, flexioná levemente las rodillas y apoyá tus manos sobre los muslos. La espalda va a quedar un poco curvada. Completá esa curvatura bajando levemente el mentón. Exhalá y contraé con fuerza la pared abdominal (como si quisieras que tu ombligo se acerque a la espalda). Mantené esta contracción algunos segundos, sin inspirar, comprimiendo los órganos internos.

Cuando necesites inspirar, hacelo. Exhalá en seguida e iniciá un ciclo, ahora en forma dinámica. Contraé la pared abdominal con fuerza y soltá la musculatura (no hay que hacer fuerza con el abdomen hacia afuera, sino solamente dejar que se aflojen los músculos). Vamos a sumar ritmo: contraé y soltá, contraé y soltá… así, varias veces, hasta que sea necesario inspirar de nuevo.

Lo más importante es la profundidad de las contracciones; después, la velocidad. La idea es hacer esto muchas veces mientras permanecés con los pulmones vacíos, y repetirlo varias veces, siempre con la respiración coordinada.

Para superarnos, sumemos dos desafíos:

  1. contá la cantidad de contracciones que conseguiste en el ciclo inicial, y en todos los que le siguen tratá de superar ese monto (por ejemplo, empezaste con 50 contracciones, después, 55, 60 y así sucesivamente).
  2. fijá una meta total de contracciones y hacé todos los ciclos que sean necesarios para alcanzarla. ¡Sin pereza! Ese objetivo puede empezar con una cifra pequeña –digamos, 500 contracciones– e ir avanzando hasta 1500 o 2000 por día.

¿Vamos a empezar el día con todo? Después de este ejercicio intenso, estaremos listos para concretar cada cosa que nos propongamos.

Caminando, ritmá tu respiración

Este artículo forma parte de la serie 100 maneras de desarrollar alta performance en la cuál te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

2 de 100 | Caminando, ritmá tu respiración

Juntemos dos hábitos saludables: caminar y respirar conscientemente. Cuando aprendés las técnicas de nuestra filosofía práctica, descubrís cómo colocar más atención en tu cuerpo, tus movimientos y tu respiración. Eso contribuye a que todo lo que hacés sea más efectivo. Es uno de los recursos a través de los cuales el Método DeRose genera alto rendimiento.

La respiración ritmada consiste en definir a voluntad el tiempo que se dedica a cada fase del ciclo respiratorio. Habitualmente exploramos sólo dos fases: inspiración y exhalación. Nuestra metodología propone incorporar dos períodos más: permanencia con pulmones llenos y con pulmones vacíos.

Durante los próximos segundos, contá lentamente de uno a diez, midiendo cuánto dura un ciclo de tu respiración si no intervenís voluntariamente sobre él. Ese tiempo puede prolongase mucho cuando hay un entrenamiento específico sobre la capacidad pulmonar. En la sala de práctica, en general los respiratorios se practican en una posición sentada, neutra, con la espalda derecha. ¿Podremos llevarlos fuera de ella?

Te invito al siguiente experimento: cuando estés caminando, contá el tiempo de la inspiración en pasos. Digamos, cuatro pasos para llenar los pulmones. Permanecé durante cuatro pasos con los pulmones llenos, exhalá en cuatro más y, por útimo, cuatro pasos sin aire para cerrar el ciclo y dar lugar al próximo. Así vas a incorporar el ritmo cuadrado, bien simple y sin extensas retenciones.

Mantené la caminata a una buena velocidad y concentrate en la respiración. Vas a llegar antes a donde sea que vayas, con una deliciosa sensación de oxigenación cerebral y vitalidad extra.

Para considerar: en entrenamientos de footing, atletismo o para carreras específicas, es mejor seguir el ritmo respiratorio más adecuado para esa actividad, que indique el entrenador a cargo.

En una fila, entrená estabilidad

Hoy traigo una idea nueva. Bueno, no una, sino por lo menos cien; pero de a una por vez.
Te propongo incorporar el Método DeROSE a tu vida cotidiana. Si estás leyendo, es porque tal vez ya estés en contacto con nuestro Método, o al menos tenés interés en descubrir cómo potenciar todo lo que hagas: el trabajo, los estudios, tu deporte… ¡la vida!

Así que, con este, doy el puntapié inicial de una serie de breves artículos que describen cien maneras de desarrollar alta performance. Habrá algunas más simples, otras que requieran un poco más de entrenamiento o incluso el desarrollo de mayor conciencia corporal. Pero si practicamos una filosofía que busca la evolución, ¿qué mayor placer que el de desafiarnos a hacer las cosas de un modo diferente?

1 de 100 | En una fila, entrená estabilidad parándote sobre la punta de los pies

Seamos realistas: cuando ponemos en práctica fuera de la sala lo que aprendemos dentro de ella, es importante pasar inadvertidos. Así que no llamar la atención, evitar ser “el raro” en la interacción social será la regla principal; no sólo para este entrenamiento sino para todos los demás. Aquellos que necesiten más privacidad, es mejor hacerlos puertas adentro.

¿A quién le gustan las filas? A nadie. Lo mejor es evitarlas. Pero, cada tanto, nos vemos atrapados en una de estas infames formaciones. Ya sea por un trámite, en el banco o esperando cualquier cosa, lo terrible es ver el tiempo que se escurre entre las manos sin poder hacer nada útil.

Ahí va mi primera recomendación, más que obvia: si podés evitar hacer fila, salí de ella. No te entregues a la mansedumbre del rebaño humano que simplemente espera. Pero, si no podés evitarlo… ¡aprovechala!

Dejá tus dos pies bien juntos y elevá los talones, extendiendo los empeines. Proponete una buena permanencia (mínimo de cinco minutos) sin apoyar los talones. Buscá mantenerte muy quieto. Mientras hacés esto, estarás fortaleciendo los músculos de las pantorrillas, entrenando un ejercicio muy simple de estabilidad y preparando el camino para otras técnicas más fuertes, que vamos a desarrollar en la sala. Procurá manetener la expresión facial descontraída. Es fácil, pero intenso.
Tratá de no interrumpir la permanencia, que es lo que torna poderosa esta técnica. Si tenés que avanzar en la fila, hacelo. Priorizá la discreción… y en cuanto puedas, volvé a empezar el ejercicio.