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marzo 2014

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Lo primero a la mañana

La vida está hecha de hábitos. ¿Ya lo habían notado? Una vez me di cuenta de que luego de despertarme, tiendo a repetir la misma secuencia, día tras día. Todo bien –hasta genial, diría– si no fuera porque ese día también noté que algunas cosas de esa secuencia yo no las estaba eligiendo. Estaban allí, simplemente instaladas, casi irreversibles.

La manera de salir de la cama. Cómo te lavás los dientes. El orden en que te bañás. Y te secás. El desayuno, en cantidad, calidad y, nuevamente, en orden (para mí era siempre primero la tostada, después el mate o el café). La manera de vestirte, la secuencia previa a salir de casa (todos los checks y revisiones, conscientes o no). Si nunca observaron esto, bienvenidos al microuniverso de la autopercepción detallada. En seguida me pregunté si sería posible alterar lo que me gustaba menos. Y resultó que sí, sólo hacía falta una buena dosis extra de energía.

Primero, la observación. Después, seleccionar lo que querés cambiar. Y a continuación… ¡modificarlo! Para mí, fue fundamental en este proceso la reeducación respiratoria, algunas técnicas orgánicas que mejoraron mi tono muscular y flexibilidad, estimular una actitud más descontraída y la concentración mental proporcionada por el Método que practico. Y, por supuesto, esta transformación se fue extendiendo no sólo a la rutina de la mañana sino a todo el día. En otro post les cuento cómo a través de estos recursos fui construyendo una versión mejor de mí misma.

5 consejos para afrontar nuevos proyectos

Todos tenemos proyectos personales. Algunos los hacemos coincidir con nuestra vida profesional. Otros prefieren mantenerlos aparte. En cualquier caso, es bueno que esas iniciativas estén presentes, porque nos resultan vitales para evolucionar, estimulan la creatividad y permiten reafirmar nuestra capacidad de realización.

Estos emprendimientos pueden o no estar asociados a algún tipo de rédito. Por ejemplo, realizar una acción solidaria o tomar clases de danza no necesariamente rendirán beneficios, a menos que nos propongamos hacerlo de forma profesional. Estudiar una nueva carrera o un idioma diferente puede ser considerado una inversión, ya que a medio plazo nos permitirá acceder a un mejor horizonte de trabajo. Un proyecto laboral independiente demandará mucho en sus inicios, pero con el tiempo esperamos verlo asociado a una retribución económica acorde.

Merecen una mención aparte aquellas iniciativas que comienzan pura y exclusivamente por placer. Son ideales para crecer, y suelen estar asociadas a la creatividad que, a veces, no podemos ejercitar en otros ámbitos de la vida.

Para explicar mejor cómo un mismo proyecto puede pasar por diferentes etapas, pongo un ejemplo que me incluye: un día llegué al Método DeRose para aprender herramientas para mejorar mi calidad de vida. Comencé practicándolo por placer, luego decidí estudiarlo, para después enseñarlo. Hoy es mi profesión, con la que, además, cumplí una antigua aspiración: trabajar en forma independiente. Por supuesto, el placer sigue tan presente como el primer día, y eso es fundamental para cualquier persona que inicie algo con la expectativa de sostenerlo a largo plazo.

Muchas veces no somos capaces de enfrentar nuestros deseos más íntimos por miedo a fracasar. Les ponemos el nombre de “sueños” y los consideramos irrealizables. En cualquier caso, es una buena idea desafiarnos de vez en cuando a salir de los lugares de confort, ya sea para decidir cuál es nuestro nuevo objetivo o para pasar a la acción, concretándolo.

5 pautas para elegir un nuevo proyecto

Si su próxima meta está muy clara, tal vez no necesite estos tips. De lo contrario, espero que puedan ayudarlo a organizarse.

  1. Revise sus anotaciones antiguas: recorra viejas agendas o anotadores, buscando ideas o proyectos que hayan surgido hace algún tiempo y no hayan sido concretados.

  2. Haga una lista de entre 7 y 10 cosas que quiera aprender, realizar o conseguir.

  3. Valorice el costo de cada objetivo: agregue a esa lista dos columnas, una que indique la inversión necesaria para iniciar y/o concretar el proyecto y otra con el tiempo que insumirá.

  4. Decida si quiere que su proyecto sea rentable o si se trata de un hobby: anote en su lista anterior, al lado de cada ítem, si es posible obtener rédito económico de él o sólo lo va a encarar como un desafío personal, para aprender algo nuevo,  desarrollar alguna nueva habilidad o sólo por placer.

  5. Priorice: con las cosas más claras, habiendo cuantificado los recursos que le insumirá cada uno de sus objetivos, priorícelos según sus posibilidades y ganas.

Por último, después de elegido su nuevo proyecto, no deje de trabajar en él con constancia y disciplina. Estos valores agregados nos van a permitir concluir lo que empezamos. Disfrute de su elección manteniendo la creatividad y la concentración.

Cada una de las metas que nos proponemos refuerza la certeza de que somos capaces de iniciar cosas nuevas. Es una buena manera de tonificar nuestra autoestima.

100% entusiasmo

Todo es posible cuando uno realmente quiere. A veces, si algo no resulta como deseamos–mejor dicho, como pensamos que deseamos–, solemos trasladar la responsabilidad a la vida, a la naturaleza, a cualquiera menos a nosotros mismos.

Pero si nos fijamos bien, puede ser que simplemente nos haya faltado entusiasmo. Puede ser que no deseáramos de verdad aquella conquista. Y no se trata sólo de afirmar que el deseo existe: hay que sentirlo, vivirlo, respirarlo, tenerlo presente cada instante, no dejar que se pierda ni salga de nuestro foco.

En este mundo lleno de estímulos, mantener el foco en una sola cosa no es tarea sencilla; sin embargo, a muchos les gustan más los desafíos que aquello que viene con facilidad. Si sos una de estas personas, recordá que la llave para superar los desafíos –más allá del foco– es cultivar el entusiasmo. Este es un ingrediente esencial en cualquier receta para el éxito.

Una persona entusiasmada lo puede todo. Pero no entendamos esa característica sólo como algo que debe estar presente en función de un objetivo que se quiere conquistar. Se trata del entusiasmo espontáneo, que impregna cada micro-acción de nuestra vida diaria, desde el momento del despertar.

¿Y, de dónde surge ese entusiasmo? Hay muchos factores involucrados: si el individuo hace lo que le gusta; si se relaciona con personas con las que tiene afinidad; si genera las condiciones para producir más que lo que su jefe, su madre, su pareja o el mundo le pide; si se sitúa en el lugar que le corresponde. O sea: si es dueño de su propia vida. Cuando lo logra, es decir que hace sus propias elecciones en todo, el entusiasmo surge naturalmente.

Es cierto que todos tenemos altos y bajos, pero ¿será posible desarrollar entusiasmo en forma voluntaria? Sí, el entusiasmo puede ser una constante generada por decisión propia. ¿Cómo? Haciendo lo que nos gusta o, si no es posible, procurando que nos guste más lo que hacemos; no dando lugar a que otros interfieran en nuestras elecciones; seleccionando con más frecuencia cosas, personas y situaciones placenteras. En fin, permitiéndonos estar satisfechos y manteniendo ese estado por medio de acciones.

¡Definitivamente, los que mantienen el entusiasmo “prendido” por más tiempo son los que lo pueden todo!